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Nutrición durante la lactancia

Nutrición durante la lactancia

La lactancia es una etapa importante en el desarrollo del bebé. La leche materna le proporciona al recién nacido los nutrientes necesarios para el desarrollo adecuado, anticuerpos que lo protegen de enfermedades, es de fácil digestión y va cambiando dependiendo de las necesidades del infante. La madre se beneficia igualmente, pues brinda una oportunidad para crear un vínculo con el bebé y disminuye sus riesgos de padecer Diabetes Mellitus Tipo-2, depresión post-parto y cáncer de ovario y de mamas. 

Aunque la lactancia es una acción natural, existen muchos mitos a su alrededor que pudieran confundir a una madre primeriza, especialmente aquellos relacionados con la nutrición. Si bien no existe una dieta particular para la lactancia, la madre debe tomar en consideración que los “ingredientes” utilizados para elaborar la leche provienen de su alimentación. Si esta no provee algún nutriente, el cuerpo lo extrae de sus reservas, las cuales se pueden agotar si no son restablecidas. Por ende, lo más recomendado es una dieta balanceada.

El agua es el principal componente de la leche materna. Una ingesta inadecuada puede alterar la composición, disminuir la cantidad producida y llevar a la deshidratación de la madre. La mayoría de las madres deben ingerir 32 onzas diarias de líquido, en adición a las 72 onzas recomendadas a las mujeres no lactantes.

La energía necesaria para producir la leche debe provenir mayormente de los alimentos consumidos. La madre debe ingerir aproximadamente 450 calorías diarias adicionales. El resto de la energía debe ser extraída de los depósitos de grasa creados durante el embarazo, esto ayuda a la madre a perder el peso aumentado, especialmente si realiza alguna actividad física. Una restricción calórica severa y rápida pérdida de peso puede disminuir el total de leche producida.  

Aunque no existe una dieta específica para la madre que está lactando, esta debe seguir los parámetros generales de una alimentación saludable y balanceada, como son: consumir proteínas con bajo contenido graso (pechuga de pollo, filete de pescado, res o cerdo), carbohidratos complejos (pan, pasta integral y vegetales almidonados), frutas (piña, guineo, manzana), vegetales de distintos colores (lechuga, zanahoria, berenjena) y grasas ricas en aceite Omega-3 y Omega-6 (pescados, nueces, aceitunas, aceite de oliva). 

También puede completar los requerimientos diarios de vitaminas y minerales con un multivitamínico creado para esta etapa y que contenga los niveles adecuados de hierro, calcio, vitamina B6, magnesio, zinc y ácido fólico, pues las necesidades diarias de los mismos están aumentadas en esta época.

Algunas madres evitan ciertos alimentos porque creen que pueden causar gases a sus bebés (como el chocolate y el coliflor), pero estos efectos aún no han sido comprobados a través de estudios científicos. Ciertos sabores pueden ser traspasados por la leche, lo cual le brinda al infante una oportunidad para ir probando diferentes comidas predisponiéndolo a que les agraden en un futuro.

La cafeína, por el contrario, si puede estar presente en la leche y hacer que el infante se sienta incómodo. Igualmente sucede con el alcohol, por lo que se recomienda que la madre limite su ingesta durante este período.  Lo mismo puede ocurrir con ciertos medicamentos, por lo que debe consultar con su médico antes de ingerirlos. 

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