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El primer trimestre

Desde el mismo momento en el que una mujer inicia la búsqueda de un embarazo, su vida da un giro muy importante. Inmediatamente cambia el centro de atención hacia todo lo que tenga relación con un embarazo; comienza a ver más mujeres embarazadas, le llaman la atención todos los bebés que tiene a su alrededor, y hasta en las tiendas visita sólo los departamentos de niños. La mujer comienza a vivir todo un modo diferente de vida, en el cual experimenta un sinnúmero de cambios físicos y mentales que no conocía anteriormente.

Una vez consigue el embarazo, la mujer debe comenzar a aprender de todas estas nuevas vivencias y a agradecer por ellas; cada cambio que se efectúa en el cuerpo de una mujer a raíz de un embarazo permite que ese nuevo ser que lleva dentro se forme de manera adecuada. Para entender todo esto, es importante que concilie una cita con su especialista una vez se haya enterado del embarazo. Son estas rutinarias visitas las que irán guiando a la nueva familia ante lo normal o lo de cuidado, lo correcto o lo incorrecto y lo permitido o no. Una buena comunicación entre el obstetra y la pareja embarazada hará que este largo período de 40 semanas se torne  en 280 días de aprendizaje con alegría y esperanza.

El especialista le indicará una rutina de analíticas, esto es de suma importancia, ya que con ella podrá determinar el estado de salud de la madre y si existe algún riesgo. De igual manera, una evaluación física es también de importancia al inicio del embarazo: conocer las condiciones del cuello del útero, la osamenta pélvica (huesos de la pelvis) de la madre así como realizar papanicolaou y cultivo de secreción vaginal son sólo la parte inicial de una gran jornada. 

Las visitas de seguimiento de un embarazo sin inconvenientes serán cada 4 semanas hasta las 28 semanas, quincenales hasta las 36 semanas y semanales hasta el parto. Ya será el especialista el que cambiará este esquema en el caso que lo considere pertinente. Uno de los primeros síntomas que la embarazada identifica es la tensión en las mamas así como sensibilidad en las areolas y el pezón, conocida como turgencia mamaria. Cambios paulatinos en el color y la forma de las areolas y los pezones también son parte del proceso de adaptación del cuerpo a este nuevo proceso.

El dolor en bajo vientre es otra de las quejas comunes de la paciente en inicios del embarazo. Usualmente este dolor corresponde a la respuesta del útero ante un nuevo habitante en su interior. Tiende a ser un dolor sencillo, parecido al dolor menstrual pero de menor intensidad. Claro está, si existe dolor, lo indicado es comunicarlo al especialista y que sea éste quien certifique el origen de la molestia.

El aumento de las micciones, o frecuencia urinaria, es un pilar en la sospecha de un embarazo. El aumento dramático del flujo sanguíneo conlleva a una producción de fluido extra que será procesado por los riñones y que terminará en la vejiga urinaria. Posteriormente, el crecimiento esperado del útero causará un aumento en la presión sobre la vejiga con el consecuente aumento de los viajes al baño. Durante el primer trimestre es extremadamente común la presencia de dolor de cabeza. Este síntoma tiende a ser bien molesto y es causa de preocupación en muchas pacientes. Sin embargo, dado lo frecuente que es en este estado no debe angustiar, el dolor de cabeza durante el embarazo podría tener múltiples orígenes, aunque aún no se ha llegado a una conclusión exacta de qué lo produce.

Se sospecha que este síntoma tan  incómodo pudiera deberse a la gran batalla hormonal que ocurre en el cuerpo de una mujer al momento de quedar embarazada. Otras causas podrían ser la tensión en un período en el que suele presentarse la incertidumbre de cómo será el futuro. El dolor suele ser sordo, en un solo lado de la cabeza o en la parte posterior de la nuca, tiende a resolverse solo, aunque en muchas ocasiones puede necesitar analgésicos.

La migraña es otro de los orígenes, está bien descrito que durante el embarazo la migraña podría empeorar, por lo cual es de importancia comunicárselo al especialista para que éste pueda manejarla; pero sobretodo, es importante aprender a reconocer, en la medida de lo posible, los síntomas  previos al episodio para administrarse el analgésico indicado antes de que se instaure la cefalea severa. En  algunos casos, puede pasar que el cansancio en general, la congestión nasal, las alergias, la depresión, el hambre y la deshidratación produzcan dolor de cabeza, así que la corrección de los mismos podría ser la solución a tan incómodo problema.

Como es común escuchar, están también los síntomas matutinos, aunque pueden presentarse durante el día completo, son llamados así ya que tienden a aparecer con mayor intensidad durante las primeras horas del día. Náuseas, vómitos, mareos, aumento de la salivación, epigastralgia (comúnmente referido como dolor en la boca del estómago) son sólo algunos de los síntomas que pudieran presentarse. En la mayoría de los casos, estos pueden mejorarse tan sólo con disciplina; aquéllas que hacen como rutina la ingesta de cinco comidas al día (3 fuertes y 2 meriendas) tienden a presentar una mejoría importante. En su defecto, si la rutina alimentaria no alivia el cuadro, es el obstetra el indicado para sugerir los medicamentos apropiados para el tratamiento del mismo.

La embarazada también puede presentar sensación de flatulencia y lentitud del tracto gastro-intestinal; esto le causa cierta molestia que en ocasiones la lleva a desabrochar el botón del pantalón, entendiendo con esto que hay un aumento del abdomen como tal. Toda esta sintomatología es producto del aumento de la progesterona, una de las hormonas que aumentan su producción durante el embarazo, la cual relaja el músculo liso de todo el cuerpo, incluyendo el del intestino, lo que provoca menor tránsito. Este menor tránsito puede causar constipación.

Mientras más saludables sean los hábitos de la paciente embarazada, menores serán los síntomas que se le presenten, así que una excelente sugerencia sería el mejorar sus hábitos. Entre las cosas que una mujer gestante puede hacer para sentirse mejor están:. 

• Tomar sin falta sus vitaminas,

• Aumentar la ingesta de líquidos,

• Dejar de fumar, 

• Suspender el alcohol,

• Disminuir o eliminar la cafeína,

• Hacer ejercicio (siempre consultando previamente a su especialista),

• Apegarse a una dieta beneficiosa para el embarazo,

• Descansar.

Fuera de esto, el deseo y la ilusión de tener un hijo harán que los síntomas sean algo de poca importancia.

Por: DRA. EVA CAROLINA FERNÁNDEZ DE LIRANZO

GINECÓLOGO-OBSTETRA

COLPOSCOPISTA

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