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Mi hijo no quiere comer

Es hora de almorzar y todos están sentados a la mesa. Todos, menos su hijo menor quien se niega a comer. “No me gustan las habichuelas”, grita él desde la sala. De allí empieza la misma lucha de cada día para tratar de convencerlo a sentarse a la mesa y a probar la comida que se le está presentado. Gritos, amenazas, castigos, nada funciona para persuadirlo. Esta situación ustedes la conocen bien, se repite en su casa cada día y no importa el tipo de comida que se le prepare. Su hijo no quiere comer, ¿Qué hacer?

Primero, no se asusten. Muchos niños pasan por fases donde no quieren comer, rechazan ciertos alimentos, se portan mal al momento de comer, o usan alimentos de manera inadecuada. Estos comportamientos rara vez duran mucho tiempo y la mayoría de estos problemas desaparecen con el tiempo sin que su hijo necesite ver a un profesional de la salud.

Dicho esto, es importante tratar de identificar la razón del rechazo de alimentos. Los niños pueden rechazar su comida por muchas razones, las cuales necesitan unas intervenciones diferentes. Por ejemplo, algunos niños presentan sensibilidades alimenticias a ciertas texturas, sabores, olores o colores. Otras sensibilidades pueden incluir un disgusto para cubiertos de metal o una preferencia a tener los alimentos presentados de cierta manera en su plato. Algunos niños también se sienten abrumados por ver demasiada comida en su plato y no saben por dónde empezar con la comida que se le presenta. Fobias y temores también pueden hacer que un niño quiera evitar el alimento o la situación alimenticia que le causa miedo. Tales fobias pueden incluir: un temor a tener nausea o a vomitar después de comer, un temor a ingerir alimentos malos o dañosos, o un temor de asfixia o de no ser capaz de tragar los alimentos. Esos temores pueden resultar de experiencias negativas anteriores (p.Eje., el niño ha vomitado después de comer en el pasado y ahora teme que le va a pasar de nuevo) o por sí solo. En todos casos, es importante llevarlo a consultar un pediatra para asegurar que no hay presencia de dificultades físicas que hagan difícil la ingesta de alimentos.

El mal comportamiento al momento de comer también puede tener muchas causas. Puede resultar de trastornos específicos y problemas de salud mental tal como el déficit de atención que le hace difícil al niño quedarse sentado a la mesa para comer, la presencia de distracciones, la duración de la comida, el estado emocional del niño al momento de comer, una falta de rutina, estilos de crianza, valores, costumbres y expectativas propias a la familia o al pueblo. Muchas veces, los comportamientos inapropiados no son específicos a las comidas y se pueden observar en otros entornos y situaciones.

Para facilitar la ingestión de alimentos al momento de comer, es recomendable que padres desarrollan y respetan un horario de comer específico al nivel familiar, que exigen que sus hijos se sienten (en una silla alta o a la mesa) para todas las comidas y meriendas, que comen con sus hijos, y que eliminen todas las distracciones (incluyendo la televisión, tablet y celulares). Con respeto a la comida y a los alimentos presentados, es recomendable que padres limiten las comidas a 10-30 minutos, que les sirven a sus hijos porciones pequeñas, que controlan el acceso a las bebidas, y que mantengan las comidas sencillas. Incluyen a sus hijos en la selección y la preparación de la comida, preséntenle la comida de manera divertida, hacen de las comidas una ocasión social agradable en familia, y no fuercen la ingesta de alimentos. El ambiente al momento de comer debe de ser relajante y favorable a la ingestión de alimentos.

Aunque la presencia de dificultades alimenticias puede aumentar el estrés familiar al momento de comer, es importante tratar de evitar de prestarle mucha atención a las conductas no deseadas o problemáticas del niño. Aunque la atención prestada al niño puede ser negativa (p. Eje., castigos, explicaciones, gritos, etc.), sirve de reforzamiento para el niño y fomenta la continuación y reincidencia de las conductas no deseadas. Al contrario, se recomienda prestarle atención a las conductas adecuadas, positivas y deseadas de su hijo e ignorar los comportamientos de rechazo de alimentos. Así, padres deberían anotar lo que sus hijos hacen bien (hasta las cosas sencillas tal como tomar un cubierto para probar un nuevo alimento), mantener la calma y no cambiar su cara cuando los comportamientos de sus hijos se interponen con la ingesta de alimentos, actuar como si la conducta de sus hijos no le interesa, seguir comiendo, y seguir hablando/compartiendo con otros familiares a la mesa. Al igual, los padres deberían permanecer quietos cuando sus hijos no están comiendo y mantener la calma y seguir normal si sus hijos tosen o parecen tener un reflujo de alimentos. Cualquier palabra vincula emoción e interés y premia el hecho de no comer. Toser es una reacción normal al comer nuevas texturas. Los padres sirven de modelos emocionales para sus hijos, ellos les están mirando a ver cómo deben reaccionar a sus dificultades alimenticias.

Como padres, sean autoritarios pero mantengan una actitud cálida y positiva, ustedes están a cargo. Díganles a sus hijos lo que debe suceder en una voz clara y confiada, mantengan sus instrucciones simples, pero transmitan su autoridad (p. Eje., “Primero comer, después jugar”). Es importante ayudar a sus hijos a desarrollar una relación alimenticia positiva. Los primeros años de la vida son un momento vital para la instalación y el aprendizaje de hábitos de vida saludables. Recuérdense que los niños pueden necesitar hasta 20 exposiciones a un nuevo alimento antes de comerlo con gusto y que los niños aprenden con ejemplo. Nunca obliguen a sus hijos a comer, no traten de engañarlos o sobornarlos a comer, y no castiguen a sus hijos por no hacerlo. Pidan ayuda de un profesional de la salud pediátrica si las dificultades de sus hijos están causando que usted o sus hijos se sientan molestos o preocupados al momento de comer, si sus hijos no están comiendo suficiente o no comen los alimentos necesarios para su salud, si sus hijos sufren de sobrepeso u obesidad, si los alimentos les sirven a sus hijos de herramienta para manejar emociones o situaciones difíciles, o si sus hijos tienen limitaciones o dificultades físicas que interfieren con su capacidad a comer. Los psicólogos especialistas en salud pediátrica pueden ayudar a promover hábitos alimenticios y estilos de vida saludables a través del manejo emocional y conductual de dificultades nutricionales en niños y adolescentes.

Annie Drouin

Psicóloga Clínica

Experta en Psicología de la Salud Pediátrica

Centro Vida y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: www.piasopr.com

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