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Hay que educar a los padres para que los niños coman bien

Crece la obesidad infantil, pero la culpa no es de los menores, sino de quien se ocupa de su alimentación.

¿Tienen los niños buenos hábitos alimenticios? Según el Estudio Cinfasalud: percepción y hábitos de las familias españolas entorno a la nutrición infantil, no mucho.

Los datos de este estudio son muy reveladores. El 71% de los niños españoles come con una pantalla delante, lo que aumenta las posibilidades de obesidad. Tal y como cuenta Eduardo González Zorzano, experto del departamento médico de Cinfa, esta costumbre incrementa el sobrepeso, entre otras razones, porque «el niño que se alimenta con un dispositivo delante no sabe lo que está comiendo, no aprecia las texturas, sabores y olores, no disfruta de la comida y pierde la noción de las cantidades, con lo cual puede llegar a comer mucho más de lo que necesita». Añade que si «los pequeños comen entretenidos con “maquinitas” es porque también las usan mucho en el resto de su tiempo libre, con lo cual son niños muy sedentarios, lo que no ayuda a su salud». Según el informe, esta tendencia al sobrepeso aumenta a medida que crece la frecuencia de uso de estos dispositivos. Sólo el 29% de los padres afirma que sus hijos se sientan a la mesa sin realizar ninguna otra actividad.

Uno de los peores errores que cometen las familias en cuanto a alimentación infantil es el escaso desayuno. Ocho de cada diez niños no realizan esta comida correctamente. Únicamente uno de cada diez ingiere fruta y sólo un 17,6% bebe un zumo natural. El desayuno ideal debe contener un lácteo, un cereal y una fruta. Zorzano afirma que aunque la culpa es básicamente de los padres, hay muchos condicionantes que hacen que los niños españoles desayunen mal: «La falta de tiempo, el madrugar mucho, el evitar altercados... los padres no quieren complicarse. En realidad, el problema es que hay que educar a los progenitores. Esta mala manera de desayunar les está pasando factura a muchos niños que ya presentan cuadros de diabetes y problemas cardiovasculares a edades muy tempranas».

 

En el estudio queda reflejado que uno de cada diez niños es obeso, pero un 43% de los padres que declaran este sobrepeso en sus hijos no toman ninguna medida al respecto. Eduardo González cree que es, a veces, «un problema que viene de creencias heredadas, de mitos de posguerra, de tiempos en los que se pasaba hambre y estar gordito era sinónimo de estatus. Ideas como que no hay que dejar nada en el plato o que cuanto más se coma mejor. Costumbres antiguas».

Entre los que sí toman medidas, un 12,7% se decanta por poner a los niños a dieta ellos mismos, sin consultar con un profesional. No obstante, el 35,3% de los padres de niños con sobrepeso y el 45,6% con niños obesos, sí acude al pediatra para tomar medidas contra el problema. Y aunque en la obesidad hay un componente genético, González afirma que «este no es determinante. Una persona de riesgo que se cuide y se alimente bien no tiene porque desarrollar obesidad, sin embargo, un niño que no tiene este rasgo genético, pero come mal y hace una vida sedentaria, sí puede llegar a ser un obeso».

A menos sueño, más peso

Los horarios de sueño, son otro de los parámetros que los menores no cumplen. Según los padres encuestados, el 93,15% de los niños españoles no duermen las diez horas recomendadas por los expertos. Un 4,3% duerme menos de 8 horas y sólo un 6,9% duerme más de 10 horas. Esta falta de descanso puede facilitar el sobrepeso. El doctor Gonzalo Pin, médico especialista universitario en Medicina de los Trastornos del Sueño, explica esta correlación. «A menos sueño más índices de obesidad y diabetes. Si no se duerme, se altera el apetito, se tiene más hambre o necesidad de hidratos de carbono. Pero no en el desayuno, sino más tarde. Un niño cansado no desayunará correctamente y no obtendrá la glucosa necesaria para funcionar el resto del día. Lo malo es que a media mañana su cuerpo le requerirá azúcar. y en ese momento, seguramente coma algo que no sea especialmente sano». González Zorzano por su parte, aclara que «esto no quiere decir que no se deba comer dulces de vez en cuando. Los escolares pueden tomarlos una vez a la semana, pero evitando siempre la bollería industrial».

Cantidades incorrectas

Con relación a los alimentos que ingieren los escolares españoles, más de la mitad (51,9%) consume carne entre cuatro y siete ocasiones a la semana, aunque los expertos aconsejan hacerlo entre una y tres veces. Solo uno de cada cinco niños toma pescado con la frecuencia recomendada –más de tres veces a la semana–, mientras que tan solo uno de cada diez (12,1%) come verdura en más de siete ocasiones semanales, como indican los nutricionistas. Además, solamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia. «Uno de lo errores que siguen cometiendo los padres en este aspecto —comenta el experto de Cinfa— es el de no comer toda la familia lo mismo. Si se hiciera, además, daría fuerza para educar: “Si yo me lo como tú también” sería el mensaje de los progenitores para los niños. Hay que acostumbrarles a comer de todo».

En cuanto a la ingesta de comida rápida, los resultados son estremecedores: 8 de cada diez niños españoles (el 82%) consume este tipo de comida al menos una vez al mes, frente al 18% de los pequeños que nunca consumen esta comida. Las chucherías son otro de los caballos de batalla. En toda España los niños abusan de ellas y las toman con mayor frecuencia de la que deberían. El 74,5% de los menores las ingieren más de una vez a la semana.

Finalmente, el experto de Cinfa recalca la necesidad de que los niños hagan deporte: «Los escolares no pueden limitarse a las horas de educación física del colegio. Es necesario que practiquen algún tipo de actividad adicional durante un mínimo de 30 minutos diarios». «El ejercicio conlleva beneficios tales como la mejora de la autoestima, de la coordinación corporal y del estado físico en general».

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