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Fundación Amigos contra el Cáncer Infantil

Fundación Amigos contra el Cáncer Infantil

Fotografía: Claudia Veras

Por: Ana Bencosme

 

 

“El cáncer infantil es altamente curable. Si luchamos tanto contra este mal, es porque se cura, más que en los adultos”

 

“Cuando te haces solidario, el sentimiento es tan grande porque uno se siente con la satisfacción de hacer algo bien hecho, y ver a los niños sanos luego de tu trabajo es la mejor paga”.

Con el propósito fundamental de trabajar por una mejor calidad de vida para los niños diagnosticados con cáncer, en 2004 un grupo de voluntarios dio inicio a los Fundación Amigos contra el cáncer infantil (FACCI).

La labor comenzó con visitas durante las cuales llevaban medicamentos a los internos que no tenían los recursos para tratarse; a sugerencia de la doctora Nieves Paulino, se reactivó una fundación que ya habían tratado de hacer, pero que no tenía el tiempo ni la forma de mantenerla. “Poder lograr que funcionara fue lo mejor, porque con el tiempo fueron más los casos que llegaban al Robert Reid que se podían tratar”, nos cuenta Alexandra Matos de Purcell, Directora General de la Fundación. Y así comenzó el desarrollo del programa de Oncología Pediátrica.

La ayuda de la Fundación al Hospital va desde soporte médico para la educación, la capacitación,  la discusión de casos, mantenimiento de los equipos, donación de medicamentos, equipo humano…; con la ayuda en muchos casos, de organizaciones locales e internacionales.

Las voluntarias

Motivos diversos impulsan a las voluntarias de la Escuelita, algunas han perdido algún hijo o familiar a causa del cáncer, otras por el deseo de desarrollar dicha labor social, pero con la constante de querer ser un soporte para las familias de niños y niñas que atraviesan por la dificultad de esta terrible enfermedad.

“Yo perdí un bebé hace unos ocho años a causa del cáncer y sentí la necesidad de ayudar a las madres que, de alguna manera, pasan por lo mismo que yo pasé”, cuenta María de los Ángeles, quien es voluntaria para cuidar los niños, con quienes juegan “para que la vida para ella sea un poco más alegre en medio de esa horrible enfermedad”, cuenta.

De su lado, Yudith explica que siempre quiso trabajar con niños a nivel de voluntariado y este espacio le ha brindado la oportunidad de aportar su tiempo para esta labor que más que ayudar enseña a la persona que hace el “aporte”. “Me ha hecho un poco más humana, se aprende a valorar más lo que uno tiene”, dice emocionada.

Las voluntarias se turnan para estar en la Escuelita. Los horarios son de dos o tres días a la semana, y no sólo se limitan al área de juego y aprendizaje; también hay otras en las salas de internamiento, cada una haciendo una labor específica.

“El cáncer no se contagia, el amor sí”

La casa albergue

La fundación ha crecido durante este tipo. La más reciente proeza ha sido la construcción de una Casa Albergue de cinco (5) pisos, bien cerquita del Hospital. Durante su tratamiento, los niños que viven en lugares distantes, en el interior del país, son recibidos en la casa de acogida; de esta manera, la distancia y las limitaciones económicas no son barreras para que los niños atendidos en el Hospital continúen el proceso y evita el abandono.

Cine, comedor, biblioteca, cuarto de música (incluye guitarras, güira, violín…), son algunas de las áreas de crecimiento personal con que cuenta la estancia. Para las madres también se ha habilitado un salón para ofrecer talleres diversos, entre ellos, costura y cuidados especiales.

Unas 28 habitaciones – con baño incluido - componen la casa, equipadas con una cama para el niño y otra para la madre, quien lo acompaña durante su estadía, algunos durante un mes y otros a lo largo de seis meses.

La solicitud de acogida es realizada a través del médico y el trabajador social en el Hospital; una vez allí, la Casa de Acogida ofrece un servicio gratuito al igual que en el centro médico: medicamentos de quimioterapia, antibióticos… “todo lo que necesite el niño para ser tratado lo ofrecemos como donación”, explica Matos.

¿Cómo ayudar?

Durante el año, la Fundación realiza actividades puntuales. El Ángel de Esperanza en uno de los principales programas; en este las personas se hacen “Ángel de Esperanza” con un aporte mensual (el cual inicia con RD$300.00. Este no se limita, el aporte puede ser según la posibilidad del que ayuda).

Es posible colaborar también en especie, dependiendo del aporte que se quiera hacer: alimento, higiene, medicamentos… o ser voluntario. Las manos nunca sobran.

Para conocer más de esta hermosa labor y animarse a aportar su “granito de arena” puede ingresar a la página de la fundación http://facci.org.do/

¿Por qué?

Alexandra reflexiona en que “el cáncer no se contagia, el amor sí”; y anima a ayudar enfatizando en que “el cáncer infantil es altamente curable. Si luchamos tanto contra este mal, es porque se cura, más que en los adultos”. Y es que “cuando te haces solidario, el sentimiento es tan grande, porque uno siente la satisfacción de hacer algo bien hecho, y ver a los niños sanos luego de tu trabajo es la mejor paga”.

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