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Los pequeños ‘profesores’

Ser padre o abuelo no es sabérselas todas. Un ejemplo tangible es cuando son los más chicos de la casa que los instruyen en acciones tan básicas como crearse un perfil en una red social.

Saiury Calcaño 
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Santo Domingo

Es común y natural ver a los padres y abuelos instruir a sus hijos y nietos. Les transmiten desde las primeras palabras que aprenden hasta los valores y principios que los acompañarán durante el resto de sus vidas. 

Lo increíble y novedoso de este siglo es observar que cualquier niño o adolescente tiene la capacidad de enseñar a los mayores a usar los aparatos tecnológicos y las nuevas técnicas para utilizarlos. 

Joselyn Elsevyf Félix, psicóloga clínica y especialista en relaciones y terapia familiar, manifiesta que la causa de que los niños y jóvenes son más diestros que los adultos en la tecnología se debe a que estos tienen acceso a ella  desde la temprana edad.

 “Ellos están en una etapa donde su cerebro tiene más facilidad de aprender, memorizar y  razonar. Cuentan con mayor tiempo para el uso de la tecnología.  Mientras que un adulto, por estar en una etapa distinta, sus capacidades cognitivas comienzan a deteriorarse y además las responsabilidades y compromisos no les permiten tener todo el tiempo para dedicarlos a aprender todo lo nuevo que sale al mercado”. 

Sin embargo, la experta señala que otra razón por la cual los adultos llevan desventaja en el proceso de incorporar la tecnología a sus vidas es el miedo. 

“Existen casos en los cuales se les hace tan difícil a los adultos acercarse al mundo tecnológico no solo por las múltiples ocupaciones, sino por miedo a no saber cómo enfrentar lo desconocido, muchos se sienten incapaces de entender todo ese nuevo universo de opciones que cambia constantemente”.

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ASPECTOS POSITIVOS DE LA ENSEÑANZA DE LOS NIÑOS A LOS ADULTOS

Al hablar de tecnología, no solo se hace referencia a un niño que le muestra a sus padres las magníficas funciones de la última tableta que le obsequiaron por su cumpleaños. Va desde acciones tan cotidianas, como una abuela que le pide a su nieto de 12 años que le ayude a enviar un mensaje de texto desde su propio celular, ya que desconoce cómo hacerlo. 

Al vislumbrar este cuadro tan frecuente, la especialista en relaciones familiares expresa que cuando un niño se detiene a enseñar a un familiar cercano a usar cualquier aparato electrónico se estrecha el vínculo entre ellos. 

“Esta situación tiene aspectos positivos como que promueve la relación intrafamiliar,  desarrolla las capacidades y habilidades del niño porque le permite instruir a un adulto, y sobre todo fortalece los lazos entre ellos porque hay un acercamiento didáctico poco habitual”. 

Otra cara de la moneda
Elsevyf Félix, psicóloga clínica, considera que el uso de la tecnología en el siglo XXI se hace indispensable para el ser humano. “Las ventajas de la tecnología son obvias, como, por ejemplo, comunicarse a miles de kilómetros unos con otros, tener acceso a información actualizada inmediata, mantenerse informados todo el día y socializar con amigos y seres queridos”.  

Pero no todo es color de rosa. La experta indica que la Internet puede romper con la relación más importante para un ser humano: la de la familia. 

“La Internet afecta la interacción y comunicación cara a cara que deben llevar los miembros de una familia. Ha hecho que cada uno esté ocupando espacios distintos en el sistema familiar, lo que provoca que cada quien se esté comunicando con otros de fuera en vez de fomentar su círculo íntimo que se supone debe ser la familia”. 

Tanto hijos como padres tienen el reto de disfrutar de las bondades de la tecnología sin descuidar los vínculos familiares, y en este desafío la juventud es la más vulnerable. 

“Los jóvenes suelen distraerse más rápido con la tecnología, dejando a un lado sus responsabilidades, induciendo así un desequilibrio en sus vidas y no aprovechando al máximo las ventajas que pueden obtener de esta”, sostiene. 

Modo correcto para el aprendizaje
Al cuestionar sobre la manera correcta que un niño o joven necesita a la hora de educar a un pariente mayor sobre cómo usar algún aparato electrónico o realizar un proceso digital, la especialista asegura: “Debe ser por medio de una actitud humilde, porque es difícil para un adulto ver que los más pequeños tienen más conocimiento sobre algo que ellos no; paciente, ya que es una experiencia nueva y diferente a lo que han tenido acceso antes, y perseverante porque los niños son esponjas que lo aprenden todo de forma rápida y asombrosa pero los adultos y envejecientes no, mientras más mayor sea el aprendiz, mayor será la repetición del proceso”.

También el adulto requiere de una buena forma para recibir estas instrucciones y acatarlas. 

“El adulto tiene que responder tomando una actitud de alegría y agradecimiento, porque hay alguien que se preocupa para que aprenda; además debe estar abierto y dispuesto a educarse para que el esfuerzo que, tanto el adolescente como este, hacen logre como resultado que el aprendizaje sea efectivo en el adulto y en el niño para que los dos sean capaces de manejar la tecnología de forma adecuada, y de paso, tener un lenguaje nuevo que ambos puedan compartir”, concluye la experta. 

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NATIVOS VERSUS INMIGRANTES DIGITALES

Existen dos términos para diferenciar a los que son ágiles y los no tan hábiles en la tecnología. Son: nativos digitales e inmigrantes digitales. 

Un estudio realizado  en el 2008 por los investigadores y educadores Daniel Cassany y Gilmar Ayala los describe a ambos. “Los nativos son los chicos que han crecido rodeados de pantallas, teclados y ratones informáticos, que tienen uno o varios ordenadores en su casa, que usan móvil desde que hicieron la primera comunión (o una fecha equivalente), que pasan más de 20 horas a la semana frente a una consola de videojuegos y que ya no saben lo que es una cinta de casete o un disco de vinilo ni mucho menos una agenda telefónica de papel. Dichos nativos utilizan estos dispositivos con destreza y sin esfuerzo, en su vida privada, fuera de la escuela, aunque ningún profesor ni curso formal les haya enseñado a hacerlo. Al contrario, los inmigrantes tuvieron una infancia analógica, sin pantallas ni teclados ni móviles. Sus artefactos culturales fueron ñy siguen siendoñ productos tangibles: los libros, los papeles, las bibliotecas, los discos y las películas de celuloide o de vídeo. Su forma de aprender a usarlos es sobre todo a partir de la enseñanza formal. La aproximación de los inmigrantes al mundo digital es parecida a la de los emigrantes que llegan a un territorio nuevo, del que desconocen la cultura, la lengua y las formas de vida, y que empiezan a hablar con mucho acento y con interferencias lingüísticas. Entre otras conductas, los inmigrantes imprimen las webs para leerlas mejor o para guardarlas, y llaman por teléfono para verificar si se ha recibido un correo electrónico”. 

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