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El rol de los abuelos

 

¿Quién no se llena de amor y ternura al ver escenas de abuelos con sus nietos, en las tiendas, en los parques, en las salas de espera de los consultorios, en las clases extracurriculares? Abuelos jóvenes, otro más viejitos, pero siempre dispuestos a ayudar. Abi, Abu, Mima, Papa, Lola, Lolo, Tita, Tito, Lo, Papilo, Mamama, Papapa, Mamalita, Papabuelo, Abuela Grande, Abuela Pequeña, Nona, Nono, son solo algunos de los muchos nombres que he escuchado a los más pequeños atribuir a esos seres extraordinarios. Los niños se llenan de orgullo al contar sus aventuras con sus abuelos. Las pijamadas, los paseos y travesuras con ellos, forman parte de sus experiencias más memorables.

Todo padre desea contar con sus propios padres para la crianza y el cuidado de sus hijos. Aquellos que los tienen saben que realmente cuentan con unos tesoros muy preciados. La pregunta es: ¿se lo demuestran? Probablemente sí, pero en ocasiones olvidan que la energía que tienen ya no es la misma que desearían tener y que se cansan con facilidad, que no saben negarse a una petición de sus hijos y muchos menos de sus nietos y que harían lo que sea para ayudar y verlos felices a todos.

Hay veces en las que la visita a casa de los abuelos o salir de paseo con ellos se convierte en una especie de “rompe reglas”, donde los nietos piden sus antojos, y los abuelos se llenan de felicidad al consentirlos, pero cuando se enteran los padres se acaba la diversión tanto para abuelos como para nietos. Los padres empiezan a reclamar, dar instrucciones y hasta llamar la atención a sus propios padres por no llevar al pie de la letra un listado de costumbres que tienen sus hijos.

Pues, si bien es cierto que los abuelos no deben cambiar las normas ni hábitos que los padres, con mucho esfuerzo y perseverancia, han logrado con sus hijos, también lo es que, es casi un derecho del abuelo consentir a sus nietos.

Entonces, ¿cuál es el rol de los abuelos? Amar y ser amados. 

Padres, sean más flexibles cuando dejen a sus hijos donde los abuelos. Abuelos, sigan consintiendo a sus pequeños tesoros, pero no desautoricen a sus hijos, ni pasen por alto sus normas. Ustedes ya educaron en su momento y ahora deben dejarlos a ellos cumplir con tan retadora misión.

Lic. Ivón Ramírez

Terapeuta de aprendizaje

COPE, Centro de Orientación Psicológica & Educativa

809-565-0187 / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Los abuelos: ¿Cómo gestionamos la relación con los abuelos?

Los que tenemos la suerte de contar con abuelos sabemos lo importantes que son para la vida de nuestros hijos. No solo les ofrecen un amor incondicional sino que les aportan una visión más amplia de la vida. Relacionarse con personas mayores amplía las perspectivas vitales de nuestros hijos dotando a su vida de un valor añadido.

Mis hijos tienen la gran fortuna de contar con cuatro yayos y dos bisabuelos, todo un torrente de achuchones, besos, caprichos y amor, ante todo mucho amor. El amor nunca sobra y cuanto más reciba el niño mejor va a ser su desarrollo emocional y en eso los abuelos son expertos. Ellos ya han pasado por la etapa de criar hijos, cuentan con gran experiencia y, por mucho que nos fastidie a veces a los padres, saben más “por viejos que por diablos”.

Ocurre que a veces no es fácil gestionar la relación entre generaciones ya que nosotros, los padres, los que lo sabemos todo de nuestros hijos, tenemos claro qué tipo de educación queremos para ellos y no llevamos bien ese exceso de permisividad. Por su parte, los abuelos, los que lo saben todo de todo, nos miran con condescendencia, pensando en cómo nos equivocamos a veces y que ellos se han ganado el derecho a tratar a sus nietos como se les antoje.

Esta relación con los abuelos se puede gestionar de varias maneras, bajo mi punto de vista todo va a depender del tiempo que se comparta. No es lo mismo que el niño vea a sus abuelos cada 15 días o que sea el yayo el encargado de recogerlo todos los días del cole y darle la merienda. En el primer caso podremos hacer la vista gorda y dejar que disfruten de su mutua compañía aunque eso implique un exceso de azúcar o de caprichos. En cambio si pedimos a un abuelo que ejerza de padre deberemos primero darnos cuenta de que le estamos pidiendo que renuncie a su faceta de abuelo, más divertida y sin tanta responsabilidad, agradecerlo e intentar después consensuar unas pautas en los temas que atañen a la educación del niño.

Sea como fuere en ambos casos debemos partir de dos premisas básicas: flexibilidad y respeto. Ambas partes debemos ser flexibles, comprender el esfuerzo que realizan los abuelos y dejar que asuman su papel sin presiones. Siempre que no choque frontalmente con nuestra idea de educación y crianza es mejor no intervenir. Los abuelos por su parte también deben ponerse en el lugar de los hijos y respetar que éstos hayan decidido que sus hijos no coman chuches o que la hora de la siesta es sagrada.

A partir de ahí todo es cuestión de hablar. Muchas veces no podremos tomar decisiones previas ya que los hijos nos van enseñando según van creciendo. Aquí viene muy bien tener abuelos a los que preguntar por su experiencia y nosotros podemos aportar un punto de vista más actual. Lo importante, por el bien del niño, es que no haya grandes contrastes, que el hijo/nieto no pase de uno a otro con pautas de comportamiento completamente dispares para que de esta manera obtenga los beneficios de ambas partes.

Ángeles Donoso

Si te ha gustad puedes leer más en mi blog https://lavidamanda.wordpress.com/

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¿Por qué son tan importantes los abuelos en la infancia?

Salvador García, profesor emérito de la Universidad de Lovaina y doctor en Lingüística por la Universidad Sorbona Nueva, ha concedido una entrevista a ABC en la que reivindica la importancia de los abuelos para los nietos.

El panorama social español ha cambiado notablemente en las últimas décadas y con él, lógicamente, la familia. Muchos de los que ahora están en plena crianza fueron en su día testigos de cómo los abuelos formaban parte de sus infancias y ven, no con cierta tristeza, cómo en las de sus hijos, los ahora abuelos de los mismos, ya no están tan presentes.

Las razones por las que esto sucede son varias pero básicamente hay dos motivos fundamentales. El primero es el retraso en la maternidad. Hace cuarenta años las españolas tenían hijos sobre los 25 años mientras que ahora se ha retrasado una década. Y hace cuarenta años esas madres españolas tenían, a su vez, padres que, en el peor de los casos, no superaban los 50. Con esa escasa diferencia generacional los abuelos se estrenaban en el cargo estando todavía jóvenes y en plenas facultades, lo que les garantizaba casi siempre estar en forma para poder atender a niños pequeños. Hoy día muchos españoles tienen hijos en la mitad de la treintena y los abuelos rondando los sesenta o más años.

La incorporación al trabajo masiva de la mujer española en la década de los setenta también tiene mucho que ver, ya que esas abuelas de ahora no pueden ayudar con los nietos porque todavía están trabajando. Estas y más causas como el cambio de mentalidad de las nuevas generaciones hacia los mayores o, por qué no decirlo, que los abuelos de ahora tienen más esperanza de vida pero también más actividades qué hacer, han modificado sustancialmente el papel en la familia.

El experto responde

Sin embargo, para los niños sigue siendo de vital importancia su presencia en la infancia, como indica Salvador García Bardón, profesor emérito de la Universidad de Lovaina, doctor en Filosofía por esa misma universidad y en Lingüística por la Universidad Sorbona Nueva, pero, sobre todo como él mismo recalca, abuelo.

—¿Qué han perdido los niños actuales al no crecer con sus abuelos?

—Han perdido la presencia del pasado para entroncar con la memoria viva de su propia familia. Muchas vocaciones y muchos valores morales de aquella época nacían de la influencia que ejercían el prestigio de la abuela o del abuelo sobre la nieta o el nieto.

—¿Cuál es la función de los abuelos? ¿Educar como lo hacen los padres, consentir, enseñar con el ejemplo, ser cómplices con el niño frente a las rigideces que los padres imponen en la vida diaria…?

—De todas la funciones que evoca, creo que la más importante es la deservir de complemento a la función educativa de las madres, a mi parecer la más determinante, y de los padres, cuyo valor complementario a la de las madres me parece evidente.

—¿Por qué la mayoría de los abuelos son tan permisivos con los nietos?

—Las abuelas y los abuelos tienen una escala de valores calibrada por su propia experiencia. Esta escala les permite relativizar lo relativizable. Por ejemplo: el dinero o las apariencias, cómo privilegiar lo que vitalmente garantiza los valores más fundamentales de la existencia. Los ejemplos son innumerables: la libertad personal compatible con las libertades ajenas; la complementariedad de la mujer y del  hombre en la igualdad de los derechos y del amor compartidos; la solidaridad humana global frente a los criminales egoísmos étnicos del pasado reciente, que ahora resucitan; la fidelidad a la ética general, que hace la vida humana posible como tal, y la actitud deontológica profesional de cada uno, que garantiza la complementariedad indispensable de la vida en sociedad, etc.

 

Educación y familia

—Usted que es profesor y abuelo ¿qué opinión tiene de cómo se plantean hoy en días las enseñanzas pedagógicas, concretamente en España y por qué no, en comparación con Bélgica o Francia?

«La educación pública ha subordinado los valores humanos al las ambiciones pecuniarias y financieras»

—Los conceptores políticos de la educación pública han olvidado los axiomas fundamentales de esta tarea capital, que condiciona el futuro de la Humanidad y que siempre debe ser complementaria de la educación familiar. Para comenzar mi crítica, debo decir que en todos nuestros países, aunque en diferentes grados de gravedad, se han subordinado los valores humanos a las ambiciones pecuniarias, financieras y carreristas, inspiradas por el deseo individualista de privatización de los bienes comunes. El resultado es que la corrupción de más en más generalizada, incluida la de los propios garantes del bien común, ha suplantado los comportamientos éticos y deontológicos. Ahora como nunca tenemos que reintroducir la filosofía en la enseñanza, para que nuestros jóvenes aprendan a criticar constructivamente los errores que se están cometiendo con ellos y con el futuro de la humanidad que ellos representan.

—Hay un debate intenso sobre la necesidad o no de escolarizar a los niños a partir de los siete años. Se pone el acento en Finlandia, considerado el país con los mejores resultados académicos europeos. ¿Usted qué opina? ¿Cree que sería bueno? El problema es que entonces muchas mujeres (porque casi siempre hacen esa cesión las mujeres) tendrían que dejar de trabajar, salvo que se quedaran los abuelos con los nietos algo que no siempre es posible.

«Los niños tienen derecho a disfrutar, todo el tiempo que les sea necesario, de su familia»

—Comparto el convencimiento intelectual y visceral de las madres y padres que defienden las nuevas maternidades y paternidades, cuyo axioma fundamental es que las niñas y los niños tienen el derecho de disfrutar, todo el tiempo que les sea necesario, del lugar privilegiado de su salud integral y de su educación, que es su familia, cuyo centro bipolar son la madre y el padre. No comparto la impaciencia monotemática, por no llamarla locura, de quienes pretenden escolarizar a las niñas y a los niños de manera prematura, para garantizarles un mejor porvenir. Esta expresión que acabo de emplear es perniciosamente comparativa, en el sentido de que se desea que estas niñas y estos niños, prematuramente arrancados de sus hogares, sean ganadores frente a sus semejantes competidores que se quedaron en sus casas. Me pregunto: ¿No se está dando prioridad al éxito comercial individualista sobre el éxito vital solidario de quien disfruta de los valores de su conciencia, cuyo fruto principal es el sentido de una vida gozada, por ser compartida en el amor?

—¿Por qué la sociedad occidental esconde la vejez, y a los abuelos? ¿Por qué no se le da el lugar que le corresponde de sabiduría como se hace en otras sociedades?

—Quizás sea porque se teme la muerte en vez de considerarla como el acto supremo que valoriza la vida de los seres racionales que la ven llegar, transformando su necesidad vital en donación solidaria a las generaciones que la siguen viviendo. Una de las funciones de la vejez es ayudar eficazmente a los jóvenes a vivir con la sabiduría suprema del saber morir. 

—Usted que ha vivido ya la mayor parte de su vida y tiene tanta experiencia en la antropología, ¿los padres de ahora somos mejores o peores que nuestros padres?

—No creo que sea justo generalizar, porque estamos seguros de que la humanidad, cuando hablamos de ella, también es una abstracción injusta de realidades personales concretas de una riquísima variedad axiológica, tanto apuntando a lo mejor como resbalando hacia lo peor.

Fuente: abc.es 

 

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