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Los abuelos: ¿Cómo gestionamos la relación con los abuelos?

Los que tenemos la suerte de contar con abuelos sabemos lo importantes que son para la vida de nuestros hijos. No solo les ofrecen un amor incondicional sino que les aportan una visión más amplia de la vida. Relacionarse con personas mayores amplía las perspectivas vitales de nuestros hijos dotando a su vida de un valor añadido.

Mis hijos tienen la gran fortuna de contar con cuatro yayos y dos bisabuelos, todo un torrente de achuchones, besos, caprichos y amor, ante todo mucho amor. El amor nunca sobra y cuanto más reciba el niño mejor va a ser su desarrollo emocional y en eso los abuelos son expertos. Ellos ya han pasado por la etapa de criar hijos, cuentan con gran experiencia y, por mucho que nos fastidie a veces a los padres, saben más “por viejos que por diablos”.

Ocurre que a veces no es fácil gestionar la relación entre generaciones ya que nosotros, los padres, los que lo sabemos todo de nuestros hijos, tenemos claro qué tipo de educación queremos para ellos y no llevamos bien ese exceso de permisividad. Por su parte, los abuelos, los que lo saben todo de todo, nos miran con condescendencia, pensando en cómo nos equivocamos a veces y que ellos se han ganado el derecho a tratar a sus nietos como se les antoje.

Esta relación con los abuelos se puede gestionar de varias maneras, bajo mi punto de vista todo va a depender del tiempo que se comparta. No es lo mismo que el niño vea a sus abuelos cada 15 días o que sea el yayo el encargado de recogerlo todos los días del cole y darle la merienda. En el primer caso podremos hacer la vista gorda y dejar que disfruten de su mutua compañía aunque eso implique un exceso de azúcar o de caprichos. En cambio si pedimos a un abuelo que ejerza de padre deberemos primero darnos cuenta de que le estamos pidiendo que renuncie a su faceta de abuelo, más divertida y sin tanta responsabilidad, agradecerlo e intentar después consensuar unas pautas en los temas que atañen a la educación del niño.

Sea como fuere en ambos casos debemos partir de dos premisas básicas: flexibilidad y respeto. Ambas partes debemos ser flexibles, comprender el esfuerzo que realizan los abuelos y dejar que asuman su papel sin presiones. Siempre que no choque frontalmente con nuestra idea de educación y crianza es mejor no intervenir. Los abuelos por su parte también deben ponerse en el lugar de los hijos y respetar que éstos hayan decidido que sus hijos no coman chuches o que la hora de la siesta es sagrada.

A partir de ahí todo es cuestión de hablar. Muchas veces no podremos tomar decisiones previas ya que los hijos nos van enseñando según van creciendo. Aquí viene muy bien tener abuelos a los que preguntar por su experiencia y nosotros podemos aportar un punto de vista más actual. Lo importante, por el bien del niño, es que no haya grandes contrastes, que el hijo/nieto no pase de uno a otro con pautas de comportamiento completamente dispares para que de esta manera obtenga los beneficios de ambas partes.

Ángeles Donoso

Si te ha gustad puedes leer más en mi blog https://lavidamanda.wordpress.com/

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