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Tenemos un hijo y estamos separados ¿Ahora qué?

Tenemos un hijo y estamos separados ¿Ahora qué?

 

Dilia Leticia Jorge Mera

Independientemente de si estamos casados o no, si somos padres y madres de un hijo o hija, tenemos los mismos derechos y obligaciones con ellos, ya sea que estemos casados y separados, o estábamos viviendo juntos y nos separamos o tuvimos un hijo o hija sin estar en una relación, pues son los mismos derechos, siempre y cuando en todos esos casos se haya producido un reconocimiento del hijo, es decir que se haya establecido la filiación con respecto a ambos progenitores.

Es recomendable plasmar en un documento los acuerdos a que lleguen los progenitores sobre los temas de guarda, visitas y pensión alimentaria.  Es importante que ambos progenitores sepan cuáles son sus derechos y obligaciones y además se especifiquen los horarios de visita, para evitar inconvenientes futuros, independientemente de: “nos llevamos bien”; “nunca tenemos problemas”.  Y eventualmente ese acuerdo homologarlo en el tribunal correspondiente para que tenga la fuerza ejecutoria de una sentencia.  Hacer este proceso es dar una seguridad jurídica a los progenitores y a los acuerdos en sí.  Y estos acuerdos siempre pueden ser modificados cada vez que las circunstancias lo ameriten.

Ambos progenitores, independientemente de quién tenga la guarda, tienen lo que se conoce como “la autoridad parental”, conocida anteriormente como patria potestad, que es el conjunto de derechos y deberes que tenemos, de forma igualitaria, los padres y madres sobre nuestros hijos menores de edad.   Esta autoridad parental sólo puede ser suspendida o terminada por una decisión judicial.  Por eso, y repito de nuevo, no importa quién tenga la guarda, ambos progenitores mantienen iguales derechos y obligaciones.

La guarda está definida por el Código de Niños, Niñas y Adolescentes como “la situación de carácter físico o moral en que se encuentra un niño, niña o adolescente bajo la responsabilidad de uno de sus padres, ascendientes o una tercera persona, sea ésta una persona física o moral, por medio de una decisión judicial, como consecuencia de un divorcio, separación judicial o de hecho, declaración de ausencia, acción u omisión que vulnere la seguridad e integridad, abandono, abuso o por cualquier otro motivo”[1].

Y el derecho de visitas es el derecho que tienen los niños, niñas y adolescentes a “mantener contacto permanente con su padre o madre, aún en los casos que uno de éstos no tenga la guarda.”[2]

El otro aspecto a tomar en cuenta es la pensión alimentaria.  Dentro de las obligaciones que implica la autoridad parental se encuentra el deber de “prestar sustento” para sus hijos menores de edad.  Esta es una obligación de ambos progenitores, y quien no tenga la guarda de los hijos estará obligado a prestar esa obligación generalmente reflejado en una suma de dinero que deberá ser pagada mensualmente.   Para determinar esa suma hay que tomar en cuenta los gastos y necesidades del niño o niña o adolescente y la capacidad de pago del deudor o deudora.

Hay que recordar que independientemente de si una persona esté o no pagando la pensión alimentaria, no por eso estará impedido o impedida de tener un régimen de visitas o contacto con el hijo o hija con quien no conviva.  No es válido el argumento de que si “no me pagas, no verás al niño”, a parte de que es un mecanismo de chantaje emocional, porque la Suprema Corte de Justicia ha entendido que eso va en detrimento del interés superior del niño que en estos casos es de “importancia capital que el niño pueda mantener una relación familiar mediante el contacto directo con ambos padres de forma regular.”[3]

El derecho de visita va en beneficio del niño, niña o adolescente.  “Hoy viene siendo caracterizado como derecho-deber o derecho función, o meramente función, en beneficio no sólo de su titular, sino del propio menor, más necesitado que el mismo progenitor de aquellas relaciones personales.  Suprimírselas la padre supondrá privarle de ellas al menor, que será el principal castigado, contra la voluntad de la Ley.”[4]

Finalmente, recuerdo que el progenitor que tenga la guarda de sus hijos es el o la mayor responsable de que sus hijos/as se relacionen con el padre o madre que no convive con ellos.  Es sobre ese padre o esa madre que recae la mayor carga, la mayor responsabilidad: propiciar la relación de los/as hijos/as con su padre/madre.  Además, el propiciar la buena y sana relación entre los hijos/as y los padres que no conviven con ellos, es señal de madurez emocional.  Los/as niños/as no son culpables de los problemas de sus padres.  Hagámosle la vida más fáciles y menos traumáticas a nuestros hijos/as y propiciemos una sana relación con el padre o la madre que no vive con ellos/as.


[1] Artículo 82, ley 136-03.

[2] Artículo 97 ley 136-03.

[3] Headrick, William. “Diez años de jurisprudencia civil y comercial (1997-2007).   Headrick, Rizik, Alvarez & Fernández. 2008. Pág. 42

[4] Rivero Hernández, Francisco.  “El Derecho de Visita”.  J.M. Bosch Editor, S.L., 1997.  Barcelona.  Pág. 95.

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