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Manipulación de los hijos contra sus padres, un maltrato habitual durante la ruptura


Los expertos señalan que la instrumentalización de los hijos contra uno de los padres tiene consecuencias muy negativas en su desarrollo psicoevolutivo.

La ruptura en una relación de pareja es uno de los mayores factores de estrés para el ser humano, pero el fenómeno se agrava cuando hay hijos de por medio, ellos acaban siendo quienes cargan su mochila con el peso del rencor de sus padres, los pilares fundamentales en su desarrollo emocional. La ruptura del vínculo familiar es por sí solo un fenómeno determinante en el desarrollo psicoevolutivo de los hijos, pero la habitual manipulación del menor por parte de uno o ambos padres para ponerlo en contra del otro tiene, según los expertos, consecuencias catastróficas en suautoimagen, su autoestima y en sus capacidades de tratar con los demás y mantener relaciones de apego seguras en el futuro.

Actualmente los Servicios de Protección al Menor ya consideran el Síndrome de Alienación Parental(SAP) como un maltrato, por ser una forma de violencia contra el menor. Así lo han asegurado los expertos Mª Paz Ruiz Tejedor, psicóloga forense de la Clínica Médico Forense de los juzgados de Plaza de Castilla de Madrid y José Manuel Muñoz Vicente, psicólogo forense del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en las conferencias sobre maltrato infantil y otras formas de violencia organizadas por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

Durante la jornada hicieron hincapié en la necesidad de establecer unos criterios profesionales consensuados para poder hacer estudios serios sobre la magnitud, prevalencia e incidencia del problema con el fin de conocerlo, prevenirlo y atajarlo de forma precisa. Los estudios hasta la fecha, indican los expertos, son limitados y sesgados. Se basan concretamente en encuestas telefónicas a adultos que han sufrido esas manipulaciones, los resultados concluyeron que los niños víctimas de alienación parental crecieron como adultos vulnerables que repitieron el error de alienar a sus hijos. Se convirtieron en personas que a menudo acumularon divorcios y se detectó también cierta propensión a tenerproblemas de adicciones.

 

«El niño necesita a sus dos figuras de referencia para un desarrollo normal», asegura Ruiz Tejedor, porque sino llega a crear una falsa memoria e incorporar recuerdos que no existen.

Un caso habitual es la denominada «parentificación», que se produce cuando uno de los progenitores, tras una ruptura traumática, no consigue aislar completamente al menor de su dolor. El niño acaba victimizándolo y concibiendo a la otra figura parental como culpable. La más tóxica de las prácticas es el Síndrome de Alienación Familiar, cuando los dos progenitores manipulan al hijo. En este caso, la psicóloga indica que se produce un conflicto de lealtad tan dañino que es él mismo quien rechaza a uno de sus padres para salir del laberinto. La ruptura del vínculo puede llegar a ser irreversible.

En la mayoría de los casos la manipulación es intencionada, pero existe un pequeño porcentaje en el que el estrés de la ruptura desencadena en uno de los padres un transtorno psicológico. Dentro de la psicósis percibe al otro progenitor como un peligro real para su hijo y con la instrumentalización busca protegerlo.

En cuanto al perfil de alienador, los expertos están de acuerdo, es el contacto con el menor lo que determina la alienación, no el sexo. Cuando el niño es pequeño las herramientas para la alienación están en manos del progenitor custodio, porque conviven y establecen un vinculo más estrecho. Durante la adolescencia los papeles cambian, el adolescente busca libertad y el padre que pone los límites es un estorbo para él, una coyuntura que el alienador suele aprovechar en su favor. El padre no custodio es, en este caso, quien tiene una posición privilegiada para deslegitimar al custodio.

Los expertos detectaron una mayor incidencia de este fenómeno en las separaciones más conflictivas, pero confiesan que se llegan a producir con frecuencia en las separaciones de mutuo acuerdo debido al rencor y el sufrimiento que se arrastra tras las rupturas.

Instrumentalización de la denuncia

«Como en todas las ramas de la justicia, las denuncias falsas existen», confiesa Muñoz Molina. Por otro lado, la tesis doctoral de Mª Paz Ruiz Tejedor abordó las denuncias de acosos sexuales en la infancia, donde revela haber detectado un elevado porcetaje de denuncias falsas que la condujeron a la conclusión de que las denuncias también se instrumentalizan. Las consecuencias: una interrupción del régimen de visitas y la desvinculación con el padre o la madre que se puede extender en el tiempo e incide muy negativamente en la relación con el niño.

Durante los litigios, muchos menores son obligados a dar falsos testimonios, detectados tras una práctica forense en la que no se encuentra ningún indicio de que el maltrato denunciado se produjese.

El tratamiento de estos casos es delicado. Los expertos aseguran que cualquiera de los padres puede ser el alienador, contradiciendo los primeros estudios sobre la materia, con escasa base científica, que señalaban a la madre como la principal alienadora. La práctica demostró, no sólo que esto no fuese así, sino que en ocasiones, en casos de violencia de género, es el maltratratador quien alega una instrumentalización de la denuncia para poder seguir maltratando a la mujer, afirmando que no es él quien maltrata sino ella la que manipula.

Muñoz Vicente recomienda para una correcta gestión de la rupturaponerse en manos de profesionales. Psicólogos y mediadores son los mejores aliados para una separación blanda que mantenga aislado al menor.

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Presentando la nueva pareja a mis hijos

 

 

Este tema es muchas veces motivo de inquietud para los padres que deciden entablar una nueva relación amorosa con alguien; lo cierto es que el ideal para los hijos en un gran número de casos es que papa y mama estén juntos para siempre, lo cual muchas veces no puede ser posible, muchos padres sienten culpa a la hora de rehacer su vida con otra persona ya que es frecuente que no sea bien aceptada por sus hijos y esto genere una serie de problemáticas en la familia.

Muchos factores intervienen en el tipo de reacción que puedan tener nuestros hijos: desde la edad, la personalidad, el vínculo con nosotros y con el padre/madre que ya no vive en casa y el tiempo que teníamos sin pareja pero, todo redunda en la forma en la que transmitimos la información y en la estabilidad emocional con la que cuentan mis hijos, mientras más sanos sean emocionalmente más fácil será para ellos.

Aquí te dejo algunas pautas que te ayudaran a vivir el proceso:

ü  Hazlo cuando ya estés seguro/a de que es una relación seria con miras al compromiso, de lo contrario retrasa un poco más la decisión y evita que te vean en situaciones confusas (fotografías o visitas) sin antes haberles explicado, no permitas tampoco que lo haga un tercero, esa responsabilidad es solo tuya.

ü  Convérsalo también con tu pareja actual y busquen estar los dos de acuerdo en dar a conocer la relación a los hijos, explícale porque para ti es importante que lo sepan.

ü  Toma en cuenta la edad, como explique anteriormente este es un factor muy importante, con los más pequeños es bueno utilizar términos simples e información breve, contestar solo aquello que nos pregunten. Si se trata de adolescentes entonces es bueno tener una conversación lo más abierta y sincera posible y buscar que se sientan entendidos y tomados en cuenta.

ü  Prepáralos antes de: algo que se debe evitar a toda costa es que se dé un encuentro fortuito entre tus hijos y tú nueva pareja, lo ideal es organizar una salida, una visita y decirles la finalidad de la misma con antelación. Toma en cuenta lugares y momentos en los que todos se sientan bien.

ü  Hazle saber que tu rol como padre/ madre no va a cambiar: es importante para tus hijos saber que aunque van a compartirte con alguien más no te están perdiendo y tratar de que se altere lo menos posible su rutina de vida.

ü  Dales tiempo para asimilar a la nueva pareja: no le pidas que la adoren de la noche a la mañana, para los hijos a veces es difícil sobretodo si estuviste sin pareja durante mucho tiempo o si te separaste reciente del padre o la madre. No le exijas que sean simpáticos, que la abracen o la besen si no les nace, basta con que tengan un comportamiento adecuado y respeten, con el tiempo es posible que la relación entre tu pareja y tus hijos sea buena si no se lo impones.

ü  Evita que sientan que es un sustituto de su padre/madre, recuerda que ninguna persona sustituye a otra o bien que asuma roles que te corresponden a ti, decisiones importantes, correcciones etc... realmente esto es algo que se da con el tiempo, no de golpe.

ü  No te dejes manipular: este aspecto es importante a tomar en cuenta ya que los hijos pueden llegar a manipularnos con la culpa, obtención de cosas materiales e incluso chantajearnos  emocionalmente: “ si no lo dejas entonces ya no estarás siempre conmigo y me puedo enfermar”, sobre la base de lo hemos explicado es importante mantenernos firmes y tratar de que los hijos entiendan que también mereces ser feliz y darte una oportunidad sin descuidarlos a ellos, recuerda: al final si tu no estas feliz y pleno/a no podrás hacer feliz a tus hijos tampoco.

Lic. Zuleyma Rosario

Psicóloga Clínica,

Terapeuta Familiar

Terapia Boutique

809-533-5338

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Tenemos un hijo y estamos separados ¿Ahora qué?

 

Dilia Leticia Jorge Mera

Independientemente de si estamos casados o no, si somos padres y madres de un hijo o hija, tenemos los mismos derechos y obligaciones con ellos, ya sea que estemos casados y separados, o estábamos viviendo juntos y nos separamos o tuvimos un hijo o hija sin estar en una relación, pues son los mismos derechos, siempre y cuando en todos esos casos se haya producido un reconocimiento del hijo, es decir que se haya establecido la filiación con respecto a ambos progenitores.

Es recomendable plasmar en un documento los acuerdos a que lleguen los progenitores sobre los temas de guarda, visitas y pensión alimentaria.  Es importante que ambos progenitores sepan cuáles son sus derechos y obligaciones y además se especifiquen los horarios de visita, para evitar inconvenientes futuros, independientemente de: “nos llevamos bien”; “nunca tenemos problemas”.  Y eventualmente ese acuerdo homologarlo en el tribunal correspondiente para que tenga la fuerza ejecutoria de una sentencia.  Hacer este proceso es dar una seguridad jurídica a los progenitores y a los acuerdos en sí.  Y estos acuerdos siempre pueden ser modificados cada vez que las circunstancias lo ameriten.

Ambos progenitores, independientemente de quién tenga la guarda, tienen lo que se conoce como “la autoridad parental”, conocida anteriormente como patria potestad, que es el conjunto de derechos y deberes que tenemos, de forma igualitaria, los padres y madres sobre nuestros hijos menores de edad.   Esta autoridad parental sólo puede ser suspendida o terminada por una decisión judicial.  Por eso, y repito de nuevo, no importa quién tenga la guarda, ambos progenitores mantienen iguales derechos y obligaciones.

La guarda está definida por el Código de Niños, Niñas y Adolescentes como “la situación de carácter físico o moral en que se encuentra un niño, niña o adolescente bajo la responsabilidad de uno de sus padres, ascendientes o una tercera persona, sea ésta una persona física o moral, por medio de una decisión judicial, como consecuencia de un divorcio, separación judicial o de hecho, declaración de ausencia, acción u omisión que vulnere la seguridad e integridad, abandono, abuso o por cualquier otro motivo”[1].

Y el derecho de visitas es el derecho que tienen los niños, niñas y adolescentes a “mantener contacto permanente con su padre o madre, aún en los casos que uno de éstos no tenga la guarda.”[2]

El otro aspecto a tomar en cuenta es la pensión alimentaria.  Dentro de las obligaciones que implica la autoridad parental se encuentra el deber de “prestar sustento” para sus hijos menores de edad.  Esta es una obligación de ambos progenitores, y quien no tenga la guarda de los hijos estará obligado a prestar esa obligación generalmente reflejado en una suma de dinero que deberá ser pagada mensualmente.   Para determinar esa suma hay que tomar en cuenta los gastos y necesidades del niño o niña o adolescente y la capacidad de pago del deudor o deudora.

Hay que recordar que independientemente de si una persona esté o no pagando la pensión alimentaria, no por eso estará impedido o impedida de tener un régimen de visitas o contacto con el hijo o hija con quien no conviva.  No es válido el argumento de que si “no me pagas, no verás al niño”, a parte de que es un mecanismo de chantaje emocional, porque la Suprema Corte de Justicia ha entendido que eso va en detrimento del interés superior del niño que en estos casos es de “importancia capital que el niño pueda mantener una relación familiar mediante el contacto directo con ambos padres de forma regular.”[3]

El derecho de visita va en beneficio del niño, niña o adolescente.  “Hoy viene siendo caracterizado como derecho-deber o derecho función, o meramente función, en beneficio no sólo de su titular, sino del propio menor, más necesitado que el mismo progenitor de aquellas relaciones personales.  Suprimírselas la padre supondrá privarle de ellas al menor, que será el principal castigado, contra la voluntad de la Ley.”[4]

Finalmente, recuerdo que el progenitor que tenga la guarda de sus hijos es el o la mayor responsable de que sus hijos/as se relacionen con el padre o madre que no convive con ellos.  Es sobre ese padre o esa madre que recae la mayor carga, la mayor responsabilidad: propiciar la relación de los/as hijos/as con su padre/madre.  Además, el propiciar la buena y sana relación entre los hijos/as y los padres que no conviven con ellos, es señal de madurez emocional.  Los/as niños/as no son culpables de los problemas de sus padres.  Hagámosle la vida más fáciles y menos traumáticas a nuestros hijos/as y propiciemos una sana relación con el padre o la madre que no vive con ellos/as.


[1] Artículo 82, ley 136-03.

[2] Artículo 97 ley 136-03.

[3] Headrick, William. “Diez años de jurisprudencia civil y comercial (1997-2007).   Headrick, Rizik, Alvarez & Fernández. 2008. Pág. 42

[4] Rivero Hernández, Francisco.  “El Derecho de Visita”.  J.M. Bosch Editor, S.L., 1997.  Barcelona.  Pág. 95.

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