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«No se estila enseñar a los hijos a llevar un hogar, y es imprescindible»

«No se estila enseñar a los hijos a llevar un hogar, y es imprescindible»

Pepa Tabero, autora del «Manual de la casa limpia y ordenada», nos da trucos y consejos prácticos para una organización doméstica eficaz.

«Una casa limpia y ordenada es muestra de un hogar en armonía». Así piensa Pepa Tabero, creadora de un grupo en Facebook de más de 9.000 miembros que comparten sus experiencias como am@s de casa y dan trucos y consejos prácticos para una organización doméstica eficaz, y que acaba de publicar Manual de la casa limpia y ordenada.

—¿Por qué decidió hacer un libro sobre cómo tener la casa bien ordenada?

—En realidad la idea no fue mía. Lo cierto es que me lo propusieron y al principio me lo tomé un poco a broma, pero después de la sorpresa inicial y darle algunas vueltas a la cabeza, aquí estamos. Lo cierto es que en España, salvo los libros exclusivamente femeninos de hace 60 años, hay muy pocos manuales que enseñen la mejor manera de hacer algo tan básico e imprescindible como es llevar una casa al día.

Las españolas siguen siendo las que mayoritariamente se encargan del hogar con respecto a los hombres mientras lo compaginan con sus trabajos fuera de casa, pero con la crisis ha aumentado considerablemente el número de mujeres que se ha quedado sin empleo y que, por lo tanto, está en el hogar siendo una ama de casa a tiempo completo. ¿Este hecho ha traído consigo que proliferen grupos de asesoría doméstica y libros como éste?

Es cierto que en los años de bonanza, lo habitual en una parejaera que ambos trabajaran fuera de casa y con dos sueldos, se podían permitir tener empleadas domésticas y ahora en cambio, hay muchas familias a las que cuesta llegar a fin de mes con un solo sueldo, que además suele ser más bajo de lo que cobraban antes. Aun así, el que se hayan puesto de moda los grupos de asesoría doméstica no creo que sea porque haya más mujeres amas de casa de lo que había hace unos años. Vivimos en una época en la que el concepto de «mujer=ama de casa» creo que ha quedado ya obsoleto. 

Al incorporarse las mujeres al mundo laboral en igualdad de condiciones con los hombres, hubo una revolución también en el modo de educar a las niñas y el objetivo de las madres pasó de enseñarles a ser buenas amas de casa (tal como eran ellas mismas) a alentarles a estudiar, trabajar y alejarse del mundo doméstico, con los mismos mensajes con que tradicionalmente educaban a los chicos.

Derivados de aquella época, abundan hoy excelentes profesionales en su campo que se encuentran teniendo que llevar adelante una casa y una familia sin tener apenas nociones de gestión de estas tareas. De ese desconocimiento generalizado es del que surge la necesidad de los grupos de asesoría doméstica, como punto de encuentro donde consultar dudas y compartir trucos.

El que seamos mayoría las mujeres en estos grupos, pues supongo que será por lo mismo por lo que dicen que los hombres prefieren perderse y dar mil vueltas antes de preguntar por cómo llegar a una dirección desconocida. Tal vez sea que las mujeres somos más comunicativas y necesitamos compartir nuestras vivencias con otras personas, o tal vez sea porque es necesario que pasen al menos un par de generaciones para que como sociedad perdamos el sentimiento de que las tareas de la casa son «cosa de mujeres» y asumamos que su mantenimiento es responsabilidad conjunta de todos los que conviven en ella.

—Hablemos de ahorro. Una buena ama de casa es una experta en ahorro. ¿Cuáles son, desde su perspectiva, los puntos fuertes para ajustarse a un presupuesto, digamos, apretado?

—Para ajustarse a un presupuesto, único punto que conozco, es no gastar más de lo que se ingresa. El problema principal yo creo que viene porque hemos estado varios años viviendo una época de desahogo económico estupendo, y nos hemos acostumbrado a gastar con muy poco criterio real de necesidad. Como teníamos, gastábamos, y cuando se nos vino encima la crisis, estábamos metido en una espiral de derroche sin precedentes, al punto de que cuando hemos tenido que empezar a recortar gastos nos ha sido, como sociedad consumista que somos, muy complicado distinguir entre deseo y necesidad. 

Hay que establecer prioridades de gasto: la hipoteca o los plazos del coche suelen ser gastos fijos que hay que calcular muy bien antes de firmar con el banco, pero las facturas, los gastos de cesta de la compra o de ropa y zapatos pueden ser muy variables. Aunque es muy complicado reducir las facturas, siempre se puede arañar algo por ejemplo aflojando un poco la calefacción y pasando el invierno en casa con un jersey y una manta en el sofá en lugar de pretender pasar el día en mangas de camisa. No es cuestión de tener frío, es simplemente abrigarse un poco. 

En la cesta de la compra ahorraremos mucho si nos acostumbramos a adquirir únicamente productos básicos, sin dejarse influir ni por los anuncios de la televisión, ni por los paquetes de colorines que llenan los estantes del supermercado. ¿Queremos galletas? Pues claro que podemos comprar galletas, teniendo en cuenta que las normales sencillas, por ejemplo las tipo María, suelen ser las más baratas y además las más sanas, y dejamos las especiales, más caras, para ocasiones especiales.

Cuanto más básico y sencillo un alimento, más barato y normalmente, más sano. Refrescos, postres lácteos de mil colores y sabores, zumos envasados, batidos, bollos dulces, panecillos de sabores, patatillas fritas, cajas de chucherías, incluso las frutas exóticas o las verduras de fuera de temporada... Todo esos productos tan habituales en los carros de la compra, son totalmente prescindibles. Y por supuesto hay que reducir al máximo los gastos superfluos en moda, complementos, salidas de ocio... 

—En su libro habla de organizar la casa por sectores. ¿En serio es usted tan organizada?

—No, es justo al contrario. Yo tengo una tendencia natural hacia el caosy precisamente por eso es por lo que necesito pautar las tareas de esta forma tan organizada. El tener anotado en una agenda y unos calendarios lo que toca hacer cada día es precisamente lo que me ayuda a no dispersarme a la hora de organizar las cosas, a saber qué toca y cuándo, porque no me fío tanto de mi memoria como para no olvidarme, así que entre la agenda y los calendarios procuro tener anotado todo lo que necesito recordar. El dividir la casa en sectoresy dedicarnos sólo a uno de ellos cada semana es sólo una herramienta para no estresarse pensando en todo el trabajo que tenemos por delante. Es mucho más descansado física y mentalmente dividir en partes pequeñas, perfectamente asumibles, que tratar de abarcarlo todo, todos los días. 

—¿Cómo se apañan hoy día tantas familias españolas con 150/200 euros al mes para comer siendo 4 o más en la familia? ¿Cuáles son los trucos para poder gastar tan poco sin hacer peligrar la salud?

—Con mucho trabajo y haciendo muchos números. Eso seguro. Trucos, pues gracias a Dios yo no me he visto nunca en esa situación tan extrema, pero supongo que pasarán el mes a base de ayudas de alimentos, de la familia, de becas de comedor y de muchos sacrificios en los que los caprichos culinarios no tienen cabida.

Para alimentarse de forma equilibrada con poco presupuesto, hay que basar los menús en poner todos los días la olla: las legumbres, los guisos con patatas, el arroz... abaratan la cesta de la compra y alimentan bien. Una vez que se pone la olla, hay que llenarla y en el tiempo que se tarda en hacer un guiso, puede sacarse para congelar para varios días. Comprando las piezas enteras, por ejemplo un pollo, en lugar de filetes de pechuga, sale el precio del kilo mucho más barato y se despieza en casa. Da para varias comidas de guiso (el arroz con los muslos deshuesados y cortados a trocitos p.e.), las pechugas se pueden poner troceadas y guisadas con patatas, con los huesos y las alas, hacer caldo al que añadimos fideos y un huevo cocido y con la carne pegada al hueso y la verdura que añadimos al caldo, se pueden hacer algunas croquetas...

El pescado, pues del fresco barato o bien del congelado, y la leche y los huevos también son una fuente muy buena de proteínas muy barata.

La fruta y la verdura frescas son caras, pero ahorramos comprando, dentro de la fruta de temporada, la que esté barata en ese momento, y si tememos desperdiciar verduras porque se estropeen antes de gastarlas, se compran congeladas y se saca únicamente lo que vayamos a cocinar. 

—¿En qué nos parecemos las amas de casa de hoy día a las de hace sesenta años?

—En muy poco. Aunque las tareas que tenemos que hacer sean similares, el mero concepto de «ama de casa» creo que ha dado un cambio radical. Hace 60 años, todas las mujeres eran amas de casa casi por definición.Hoy en día, de la casa se ocupan tanto los hombres como las mujeres, y la diferencia por hogares radica en el horario de trabajo y del tiempo que cada uno tenga disponible, más que en el sexo. Siguen habiendo por supuesto, muchas mujeres en las que recae todo el peso de su hogar y su familia mientras el hombre se pasa el tiempo libre rascándose el ombligo, pero eso es un tema de acuerdos a los que lleguen en su relación de pareja más que de evolución social. Hoy en día, la figura de la esposa abnegada que lleva las zapatillas al marido apoltronado en el sillón por el mero hecho de ser éste «el hombre de la casa» es algo inimaginable.

En lo que sí nos parecemos y en parte tiene buena culpa la crisis económica es en la de comparar precios e incluso comprar la fruta en un lugar, la verdura en otro y otras necesidades de la cesta en otro por diferencias de incluso céntimos de euro que, sumados al final de mes, suponen a lo mejor un ahorro de 20 euros que en un año ya son 220 y que para las familias que subsisten con ayudas o salarios muy bajos suponen un grandísimo ahorro. También es verdad que esa capacidad de comparación es mayor en aquellas mujeres que no trabajan fuera de casa ya que disponen de mucho más tiempo para poder hacer esas indagaciones y comparaciones.

—En su grupo de Facebook, y en el libro, han «resucitado» la triple A. ¿En qué consiste esto?

—Este es un producto más antiguo que la tos y es infalible para casi todo en la limpieza del hogar. Se usa cualquier pulverizador que se tenga en casa de cualquier marca (que suelen ser de ¾ de litro) y se rellena con: un tercio de agua, otro de alcohol y otro de amoniaco (el litro de alcohol y amoniaco no suele pasar del euro y hablamos de usar en cada bote el tamaño de un vaso). Es un producto que ya usaban nuestras abuelas y que no solo limpia divinamente sino que, además, es baratísimo.

—Usted es madre de tres chicos. ¿Les enseña cómo llevar un hogar para que el día de mañana sepan hacerlo correctamente?

—Para cuando mis niños vuelen de casa, creo que su generación tendrá ya superados los roles de género respecto a la gestión del hogar. Lo cierto es que el cómo lleven ellos su casa en el futuro no es algo que me preocupe especialmente porque estoy segura de que cualquier cosa que se propongan, la harán muy bien.

Más que enseñarles a llevar un hogar, yo procuro darles pautas para que sepan desenvolverse en las situaciones que les presente la vida, y la gestión del hogar es una entre tantas otras.

De cualquier modo, hasta que se independicen, ellos viven en casa y como miembros de la familia que son, también participan de las tareas, cada cual en función de sus capacidades y de las necesidades del momento, tal como hacemos todos.

—Hubo una polémica recientemente porque se incluyó en un módulo de FP la asignatura cómo gestionar el hogar, plancha, limpieza etc… ¿tan descabellada le parece la propuesta?

—En la mayoría de países avanzados hay asignaturas similares en el colegio y todo el mundo lo ve normal. Incluso aquí nos parece una asignatura útil cuando la vemos en alguna película. No estuve muy al tanto de la polémica, pero los españoles somos muy viscerales en cuestiones de política y tal vez el revuelo no viniese de la asignatura ni de sus contenidos, sino de quien la propuso y el contexto en que lo hizo. Lo que sí es cierto es que ahora ya no se estila como antes enseñar a los hijos a llevar la organización de un hogar y lo cierto es que es imprescindible si pretenden tener el suyo propio cuando sean adultos.

 

 

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