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La alegría de la Navidad

La alegría de la Navidad

PERSILES AYANES PÉREZ M.

ABUELO

 

El lucero que guió a los Magos de Oriente para rendir tributo a un niño nacido en un humilde pesebre en el poblado de Belén, marca el inicio de una época en un año que termina para culminar en los albores del año subsiguiente con la festividad dedicada a los Reyes Magos.

Nuestro Señor Jesucristo. Es época de villancicos, golosinas, pasteles en hoja, pan de fruta, lerenes, un sorbo de vino, ponches, frutas exóticas, y obsequios. Sobre todo, es oportunidad de unión familiar, confraternidad, perdonar agravios, extender la mano al necesitado, para que la alegría que trae la Navidad sea compartida y no se empañe su brillo con la mezquindad y la miseria humana. 

Se enciende el árbol de la Navidad para que alumbre la esperanza. Particularmente, es un reconocimiento a la inocencia del niño aún no contaminada con la malicia que corrompe la educación hogareña, las enseñanzas cristianas y el inicio de la escolaridad.

Al niño se le inculca la transcendencia que representa el nacimiento del Niño Dios, y se le halaga llevando a su aún inocente mentalidad la idea de que ese suceso acarrea la traída de juegos o juguetes que le dejará, en “la noche buena”, el niño Jesús. Esa es la tradición mayormente utilizada en los pueblos del Cibao. Luego, la espera por los regalos que les traerán los Reyes Magos, como recuerdo de las ofrendas al Dios niño cuando ocurre su nacimiento en Belén. Lamentablemente, hemos recibido influencias exóticas y ahora se habla del Papá Nouel.

La traída de los regalos se supeditaba a la conducta infantil. Era un medio de presión para lograr el comportamiento hogareño del niño, al menos en la época navideña. Aquellos desafortunados conservaban la posibilidad de la aparición de la “Vieja Belén”. Aún cuando era notoria la discriminación entre el hijo de familia pobre y el de la pudiente, quedaba la satisfacción de lo mucho o poco, valioso o modesto del regalo recibido, justificando la yerbita con el vaso de agua colocado debajo de la cama.

Mi hija mayor, con una edad de más de 7 y 10 años sobre sus hermanitos, disfrutaba un mundo actuando como niño Jesús o Rey Mago y era quien colocaba los juguetes de los menores para luego acostarse y disfrutar las sorpresas que le traía el nuevo amanecer y eso, que ya era una “tajalana”. Sigo creyendo que la “fantasía” navideña debe continuar alimentando la mente sin malicias del niño mientras perdure su inocencia.

Modificado por última vez enMartes, 02 Diciembre 2014 09:50
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