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Mi hijo/a tiene discapacidad ¿Qué puedo hacer?

Antes de adentrarnos en los aspectos de cómo abordar un niño o niña con discapacidad, es importante detenerse a analizar la definición que establece la Ley No. 5-13 de República Dominicana, la cual describe en su considerando 2do “Que el concepto ¨discapacidad¨ evoluciona y resulta de la interacción entre una persona con una deficiencia física, psíquica y/o sensorial y las barreras medioambientales y de actitudes que le impone su entorno físico y social que impiden su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás.” Esta evolución nominal ha transcurrido desde designaciones peyorativas, pasando por incapacidad, es decir persona incapaz, y aunque sigue vigente discapacidad ya se habla de diversidad funcional, más aun en el ámbito educativo se refiere a educandos con necesidades educativas especiales derivadas o no de discapacidad.

Ahora bien, todo este transitar terminológico tiene su razón de ser en buscar dignificar la persona y su condición humana. Sin embargo, este aspecto es solo el comienzo, cuando estamos frente a un niño o niña con diversidad funcional, se nos viene un sin fin de interrogantes y sentimientos encontrados, más aun cuando quien recibe el impacto es un padre o una madre, que cuando cae en cuenta de su situación, se acrecienta la gran pregunta ¿Qué hago? o ¿Cómo abordo esta situación? ¿Por dónde comienzo? Estas mismas preguntas se las hace un docente cuando entra en contacto con su educando y así en los rostros de quienes mantienen roce social con estas geniales personitas que nos aleccionan cada amanecer.

En primera instancia creo conveniente hablar de aceptación, pero ¿aceptar qué?, pues que la creatividad se escribe con la C de Creador, por lo tanto existe diversidad de maneras para percibir el mundo y se desarrolla en personas especiales que descifran su universo de infinitas maneras, superan sus dificultades con inteligencia y lo único que necesitan es ser aceptados como tal, condición que los iguala a cualquiera de nosotros con nuestra singularidad.

El ser en sí mismo, está dotado de un sistema con el más alto nivel funcional, ya que cuenta con mecanismos sustitutos que fisiológicamente pueden ejercer funciones alternas a las que les corresponde de por sí, es decir poseemos un sistema de compensación altamente especializado que llega a suplir ciertas carencias de orden físico o fisiológico para mejorar la efectividad en su funcionamiento. Entonces, que se necesita para activar este mecanismo tan completo que habita dentro de nosotros: Creer!

Inevitablemente, luego de aceptar, podríamos comenzar por creer en el potencial humano. Cuando un padre, una madre o un maestro están frente a su hermoso niño o niña con alguna diversidad funcional debe en su sentimiento de amor albergar la certeza de que tiene en sus manos una personita que viene con un arsenal de herramientas de la que echar mano para convertirla en una gran persona con virtudes que puede transformar en talentos, útiles para la convivencia social, digna de valoración nutriendo con su aporte el acervo social en el cual le permitan integrarse y desarrollarse.

El amor bien concebido hacia un hijo o hija con diversidad funcional será donado con caricias, protección, aupando a su criatura a crecer, a desarrollarse plenamente proporcionándole experiencias de compartir junto a su familia extensiva, con sus iguales, momentos de risas con su familia nuclear, de corrección bajo una autoridad equilibrada, de crecimiento espiritual, con un lenguaje afable y enriquecido, aunado al acompañamiento de especialistas en cada ámbito funcional sea de orden sensorial, cognitivo, neurofisiológico o motriz.

En consecuencia, cuando cada hogar comience la experiencia de valorización, se pondrán manos a la obra para crear seres útiles e intrínsecamente felices de ser quienes son, entonces debilitaremos la autocompasión, el sentimiento de minusvalía y por tanto encontraremos más niños(as) haciendo vida cultural y estudiantil contra menos infantes con diversidad funcional pedigüeños, menos hogares que utilicen la sensibilidad humana tergiversada,  más personas que no propician la mendicidad porque reconocen que si les enseñamos la gran satisfacción de dar antes que recibir, seremos testigos de una sociedad donde lo extraordinario se hará común.

Para culminar, en esta cadena de acciones simultaneas, reitero que cada familia que resguarda en su seno un infante con diversidad funcional debe hacer mano de todas las instancias posibles que apoyen su labor formativa según la condición que presente su hijo o hija, de igual forma lo puede hacer el docente que se ocupa por la formación integral de su educando. En todo el país existen organizaciones que ofrecen servicios de salud, educación, ayudas técnicas y recreación que tienen como misión acompañar a la familia en esta noble labor, sumando esfuerzos en la búsqueda de igualdad de condiciones, en vías de lograr su participación plena y activa dentro de la sociedad.

Msc. Ana Virginia Hernández

Profesora de educación especial, mención dificultad de aprendizaje,

Magister en orientación de la conducta.

Centro Vida y Familia Ana Simó

Imagen tomada de: cuidadoinfantil.net

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