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Mascotas, ¿Cómo despedirnos?

Mascotas, ¿Cómo despedirnos?

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Lorraine Isa

Psicóloga. Terapeuta Familiar y de Pareja.

Especialista en Intervenciones en Psicoterapia.

Centro Vida y Familia Ana Simó.

Es difícil hablar sobre la muerte, sobre todo cuando nos toca dar la noticia de que un ser querido ha partido. El temor de no saber cómo abordar el tema, qué reacción tener frente a la respuesta emocional de los hijos, el intentar no llorar frente a ellos, son de las razones por las que evitamos afrontarlo.

La muerte es tan natural como la vida, el socializar este tema con los hijos les permite ver la misma como una etapa de la vida que cualquier ser vivo puede experimentar; por lo tanto, iniciar un dialogo dispuestos a responder de manera fidedigna las preguntan que los niños hagan, es lo que les permitirá comenzar a conocer este concepto tan misterioso.

En ocasiones podemos ver la muerte de las mascotas como algo que no merece la atención que le damos a otras pérdidas; sin embargo, es necesario que lo manejemos con la misma empatía, con el mismo seguimiento y seriedad que requiere cualquier otro proceso de duelo.

Los niños perciben las conductas de sus mayores, reconocen los cambios en el ambiente familiar, por lo tanto, cuando hay tristeza, aun no lloremos frente a ellos, estos se dan cuenta de cómo la dinámica familiar varía en momentos de crisis. De esta manera, si no se dialoga sobre lo que acontece pueden comenzar a experimentar ansiedad, duda, confusión, tristeza, y estos sentimientos pueden transformarse en conductas preocupantes como intranquilidad, alteración en el sueño y el apetito, demanda de atención.

Cuando esperamos “el momento apropiado para el niño” para darle la noticia y creamos historias, cuentos y mentiras, surgen los secretos familiares que tantas consecuencias emocionalmente negativas arrastran. La intención tras estos secretos es proteger al niño, cuidarlo de que no sufra, que viva como si nada estuviera pasando. Pero al optar por esta opción, nos protegemos a nosotros mismos, evadiendo la confrontación de nuestros propios sentimientos y el temor a vivir nuestro propio proceso de duelo.

Apoyarnos en anécdotas irreales para manejar la partida de una mascota puede crear en el niño resentimiento por no permitírsele despedirse de su animalito y desconfianza en el adulto cuando se dé cuenta que no le dijo la verdad. Es importante reconocer la necesidad que tienen los niños de llevar a cabo los rituales que le ayuden a elaborar su duelo.

Los niños necesitan ser informados con la verdad, necesitan entender la muerte como un proceso natural de la vida. Necesitan que los adultos les enseñen a ver el sufrimiento como algo inevitable, que se les permita llorar, vivir el dolor, enfrentar el sufrimiento. En el proceso de duelo necesitamos ser vulnerables, hablar de la tristeza, recibir apoyo y contención de los seres queridos para lograr la aceptación de la nueva realidad y que de esta manera podamos recordar a ese fiel acompañante (perro, gato, tortuga, canario) con amor y tranquilidad.

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