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Cuando inician las sospechas: Autismo

Cuando inician las sospechas: Autismo

 

            Muchas veces los padres se enfrentan a la incertidumbre de que si el comportamiento de su hijo o hija es el esperado o el adecuado dentro de los estándares de desarrollo para niños de esas edades o si son solo eventos que se dan en algún momento y luego van desapareciendo. 

            Usualmente los padres son los primeros en darse cuenta de que algo no anda bien con sus pequeños. Han notado cambios en ciertas habilidades que parecían haber adquirido, sienten que su desarrollo no va a la velocidad esperada, entonces es cuando comienza la preocupación, los miedos y un conjunto de sentimientos que parece paralizarlos sin saber qué hacer.

            Surge la sospecha. ¿Por qué no habla? ¿Por qué no me mira? “Es como si viviera en otro mundo” ¿Habré hecho algo mal? ¿Será Autismo?, estas y más son de las interrogantes más comunes y surgen entre el primer año y los 2 años en su mayoría. Esto se evidencia muy rápido si el niño inicia la escuela, los profesores pueden sospechar por igual, que algo no anda bien.

¿Qué es el Autismo?

            El autismo es un síndrome, no una enfermedad, con un espectro muy amplio y es para toda la vida. Afecta de forma e intensidad diferentes, así que no hay dos personas con autismo iguales y por eso no se puede nunca generalizar. Por ello, hoy en día se habla de Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). No existen pruebas médicas específicas para su diagnóstico, sino que éste se basa en la observación y valoración de la conducta del niño por parte de profesionales. Es más común en niños que en niñas.

            Hoy en día, los avances se producen, muchas veces, a pasos de gigante. Con una estimulación adecuada, cuanto más intensa mejor, los niños con autismo evolucionan hacia metas impensables hace unos años. Por eso, deberíamos luchar todos juntos para favorecer la inclusión.

¿Cuáles son las señales de alerta?

  • Entre los 18 y los 24 meses no señalan objetos ni intentan llamar la atención de las otras personas. No siguen miradas. Cuando quieren algo, toman la mano de otra persona para conducirla hacia el objeto deseado.
  • No imitan y tienen dificultades para entender los gestos de otras personas. Se les hace difícil comprender las emociones de otros y para canalizar sus propias emociones.
  • Presentan movimientos extraños: aleteos de brazos, caminar de puntillas, giros de ojos, agitar los dedos, echar la cabeza hacia atrás y otros.
  • Con frecuencia no reaccionan a su nombre; parecen “sordos".
  • Cuando hay lenguaje, este puede ser poco comunicativo. Algunos repiten frases o palabras y pueden tener dificultades para expresarse.
  • Interés exagerado por temas muy concretos: trenes, generadores, dinosaurios, planetas, mapas.
  • El juego no es creativo ni simbólico. Con frecuencia se entretienen con partes de los juguetes o arman interminables hileras de coches u otros objetos.
  • No demuestran interés por los otros niños ni juegan con ellos.
  • En algunos casos, demuestran capacidades excepcionales en matemáticas, música, memoria.
  • Presentan dificultades ante los cambios, se adhieren a ambientes estables y rutinas.
  • Tienen problemas para compartir lo que están haciendo o sus vivencias. Por ejemplo, no llevan objetos de su interés a sus padres ni les enseñan sus dibujos.
  • Hay dificultades con la comida y con el sueño.

¿Qué hacer?

            Busca ayuda de un profesional. De manera regular el pediatra es el primer especialista capacitado para detectar señales de alerta. Este puede referir a un Neurólogo, Psiquiatra o Psicólogo. No espere a “ver qué pasa”. Si usted ha notado que su hijo o hija tiene dificultades en el desarrollo del lenguaje y la interacción social, u otras de las características que se mencionan anteriormente, busque ayuda inmediatamente.

            Una detección precoz puede llevar a una intervención temprana que se ha demostrado muy eficaz en la mejoría de muchos casos.

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