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Los padres españoles están muy insatisfechos con el tiempo que dedican a sus hijos

Un estudio de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios confirma que es necesario un cambio para mejorar la vida familiar.

 

¿Cuanto tiempo pasan los padres españoles con sus hijos? ¿Es suficiente? Si no es bastante, ¿qué se puede hacer para cambiar esta tendencia? para contestar estas preguntas ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles ha presentado públicamente el primer número de InformaArhoe, una serie de monográficos y estudios basados en encuestas de percepción sobre el estado de la racionalización de horarios, la productividad, la conciliación y la corresponsabilidad en nuestro país.

En este primer número titulado «¿Cuánto tiempo se dedica en España a los hijos?» (y desarrollado en el marco del programa «¿Cuánto tiempo tienes para mí?» subvencionado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad —convocatoria IRPF 2016), más de mil personas han contestado a una encuesta que proporciona pistas sobre el statu quo relativo al uso y tiempo que dedican las familias al cuidado de sus hijos.

Entre las datos más demoledores destaca el de que los progenitores españoles están muy descontentos con la cantidad de tiempo que les dedican a sus hijos. Es interesante ver como los hombres, en general, manifiestan en mayor medida que el tiempo que ellos les dedican es menos del necesario.

 

Tras constatar el poco tiempo que pasan con los niños, la mayoría de los encuestados describían sus sentimientos como negativos. Expresaban su sentir con palabras tales como cansado, agobiado, frustrado, culpable, estresado, atrapado, triste, mal, insatisfecho, impotente, desbordado, agotado, desolado, indignado, saturado, etc...

Las madres siguen siendo las cuidadoras

En lo que respecta a las diferencias entre sexos, se comprueba que hay una tendencia, por parte de los hombres, a percibir la situación de forma más positiva que las mujeres, si bien, se ha comprobado que son más las madres las que se dedican al cuidado de los hijos y las que más tiempo invierten.

Ambos, tanto padres como madres, encuentran dificultades para tener tiempo para desarrollar sus labores como progenitores, y creen esta situación puede generar trastornos y problemas tales como:

-Inestabilidad de la pareja, al no poder atender de forma adecuada las demandas.

-Fracaso escolar, por la falta de un acompañamiento adecuado.

-Defectuosa o mala alimentación, lo puede llevar a la obesidad, etc.

-Deficiencia en la transmisión de valores, principios y hábitos de los padres.

-Baja natalidad.

-Bajo rendimiento laboral.

Reparto de tareas en el hogar

Se les preguntó quién se ocupa de atender las necesidades de los hijos. El 82,9% de los hombres contestó que «ambos», frente al 69,1% de las mujeres. Queda manifiesto que ellas no piensan lo mismo que ellos...

Por otra parte, cuando solo es un miembro de la pareja quien se ocupa de atender las necesidades de los hijos, son las mujeres las que nuevamente aparecen desempeñando este papel, alcanzando el 27,2 % de las respuestas, frente al 5,56 % de los hombres. Destacar que de estas mujeres que se declaran únicas cuidadoras, el 86,8 % de ellas trabaja.

Si hablamos de la valoración que hacen los miembros de la pareja del reparto de las tareas, el papel desarrollado por los hombres se sigue poniendo en evidencia. Es mayor el porcentaje de hombres que considera que el reparto es muy o bastante equilibrado. Sin embargo la mayoría de las mujeres opina que el reparto de los quehaceres del hogar es poco o nada equilibrado.

También se aprecia que las mujeres son las que dedican más tiempo al cuidado de sus hijos, siendo el 77,1 % las que afirman dedicar más de 2 horas al día. Los hombres se distribuyen de forma más amplia, encontrando que el 36,4 % dedica entre 1 y 2 horas, mientras que el 46,3 % invierte más de 2 horas.

Finalmente de esta encuesta se desprende que lo que impide a los padres estar con sus hijos es, en el 75,3 de los casos el trabajo, seguido de lejos con un 16,6 por las tareas domésticas.

Conclusiones del estudios

Entre las conclusiones que se desprenden de esta encuesta, destacar que existe una necesidad de dedicar más tiempo a los hijos ya que, claramente, el que se les da ahora es insuficiente. La percepción de este problema difiere entre mujeres y hombres, siendo estos últimos más optimistas, en el sentido de que sobrevaloran su aportación y perciben que la situación de necesidad de tiempo no es tan imperiosa.

Por otra parte, los progenitores son conscientes de que no dedican a sus hijos el tiempo necesario, y que los principales motivos son el trabajo y las tareas domésticas.

La imposibilidad de conciliar la vida laboral y personal, y en particular para esta encuesta, la familiar, se ve frustrada por la necesidad y voluntad de trabajar de ambos progenitores, por los horarios irracionales en cuanto a horarios de entrada y salida, largos períodos para la comida, las jornadas partidas, la falta de flexibilidad, la imposibilidad de teletrabajar, la falta de adecuación de los horarios laborales a los escolares, los largos desplazamientos al lugar de trabajo, entre otras.

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Mamitis aguda. ¿Qué es la “mamitis aguda” y qué hacer ante ella?

La mamitis aguda es un estado por el que atraviesan muchos niños pequeños, niños enmadrados. Ese estado expresa una inseguridad pasajera por parte del niño en el que sólo se siente seguro en los brazos de su madre.

Es cierto que el lazo de madre e hijo comienza incluso antes de nacer, no resulta extraño pensar que ante una situación de peligro o inseguridad, el niño desee acudir a los brazos de su mamá para pedir ayuda ayuda y protección.

El problema de la “mamitis aguda” se produce cuando el niño ya ha comenzado a ser relativamente autónomo e independiente pero, por alguna razón, tiene un retroceso o regresión en su evolución.

Por ejemplo. Un niño 3 años puede sentirse a gusto jugando con sus compañeros en la escuela, sin embargo, en una etapa de mamitis aguda esto queda desplazado, ningun lugar parece ser seguro para el niño. Por tanto él no disfruta de la compañía de nadie que no sea su madre.

Sintomas de mamitis ¿Cuándo aparece la mamitis aguda?

La mamitis aguda puede aparecer después de los 21 meses de vida y hasta puede reaparecer entre esta edad y los 4 años de edad.

Síntomas de mamitis aguda:

Los niños sólo desean estar con su mamá en todo momento

Sólo dicen “mami, mamita o mamá” 

No se calman con nadie más que no sea su madre, tiene una gran dependencia de la madre

Solo juegan con su mamá 

No desean que la madre haga otra cosa más que abrazarlos, mirarlos y jugar con ellos

¿Por qué se produce la mamitis aguda?

Dado que es un fenómeno bastante común, las causas de la mamitis pueden ser muy variadas. No obstante en líneas generales un niño puede tener mamitis aguda cuando:

Se siente desplazado por la llegada de un nuevo hermanito

Su mamá ha comenzado a trabajar luego de un período de tiempo y ya no es posible verla a toda hora

Una mudanza que pueda hacer sentir vulnerable al niño

Unas vacaciones extensas al cuidado de los abuelos

Comenzar a ir a escuela infantil

¿Cómo superar la mamitis aguda?

Comenzar a jugar con juegos creativos

Comenzar a jugar con nuestros hijos a juegos que sean entretenidos para ellos y donde ellos puedan crear e inventar.

Poco a poco estos juegos irán ganando terreno en su atención en relación a la atención de las madres. En estos momentos las madres deben distanciarse un poco (a un metro de distancia) pero no alejarse por completo de la escena. De este modo ellos se sentirán con la seguridad de que su mamá está ahí presente.

Con el paso de los días, esta situación puede irse modificando paulatinamente y la mamá puede comenzar a alejarse aún más, dejando espacio para que el niño y otros compañeros de juegos (hermanos o amigos) jueguen entre ellos.

Posteriormente resulta de mucha utilidad que tanto el padre como los abuelos y tíos comiencen a intervenir en los juegos. Esto debe hacerse muy pausadamente para evitar que el niño vuelva a tener sentimientos de inseguridad.

Eleva su autoestima

Dado que el sentimiento de inseguridad está asociado a un miedo y pérdida, es importante generar un ambiente seguro y sin peligros para el niño. Por otra parte los elogios hacia ellos (por ejemplo: “Tú puedes construir este juego. Sé que puedes. Yo te ayudaré pero lo harás tú”, puede ser un gran incentivo que trabaja reforzando su personalidad comprometida por la misma etapa de niño apegado a la madre

Y sobre todo ten paciencia

Aunque toda madre se sentirá agotada y exhausta, es importante no perder la calma, ser paciente y perseverante par que los niños puedan ir, poco a poco, superando esta etapa.

María Eugenia Daney

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No, ser mamá no siempre es 'natural'

La maternidad se considera como algo automático, pero ¿realmente es ese el caso? ¿Con qué nos confronta? ¿Qué deberíamos entender de ella?

¿Os habéis preguntado lo que vive una madre a la que le cuesta ser o sentirse madre? ¿Os habéis imaginado las dudas, los cuestionamientos, la culpabilidad y el miedo al fracaso que le provocan un nudo en la garganta y la hacen vacilar?

Por supuesto, la maternidad no es un paso obligado. Pero para quien la desea, los problemas para quedarse embarazada o las dificultades para sobrellevar la llegada del bebé pueden convertirse en una desestabilización total de lo que una mujer pensaba ser, saber y conocer. De repente, te descubres frágil, desfallecida, amputada de una parte de tu identidad. Te ves señalada con el dedo, censurada por las mujeres de verdad, esas que tienen hijos como debe ser, con la plenitud y la calma necesarias. 

Tendría que ser automático: concebir a un bebé, llevarlo en el vientre con alegría, dar a luz estoicamente, ocuparse de él con beatitud y sacrificio... Sí, debería ser así, pero yo me conozco el tema. Como hija independiente y dotada de una trayectoria considerada ejemplar, pensaba que sabía controlar todos los mandos de mi existencia y que podía planificarla a mi antojo. Hasta el día en que la medicina me anunció que mis posibilidades de quedarme embarazada se aproximaban a cero. Toda tentativa de fecundación in vitro también resultaba inútil. ¡Hala, nada que hacer, nada que intentar! Y sin embargo... unos meses más tarde, tenía un bebé en el útero.

De repente, te descubres frágil, desfallecida, amputada de una parte de tu identidad. Te ves señalada con el dedo, censurada por las mujeres de verdad.
 
 

¿Qué había pasado? ¿Qué habían omitido los especialistas? El caso da que pensar. En los países industrializados, la infecundidad aumenta a una velocidad preocupante. Casi un cuarto de las parejas no tiene hijos después de un año de intentos sin anticonceptivos. Al cabo de dos años, uno de cada diez recurre a tratamientos de reproducción asistida. Sus posibilidades de embarazo varían entonces entre el 10 y el 20%. La ciencia actúa, los procedimientos se perfeccionan, pero los especialistas siguen preocupados. Mientras que hace 30 años su misión consistía básicamente en resolver la obstrucción de trompas de Falopio o problemas similares, en la actualidad es mucho más complicado delimitar las causas de la esterilidad femenina. En cuanto a los hombres, la calidad del esperma está en caída libre (en los últimos 50 años, la producción de espermatozoides en los países occidentales se ha reducido ¡un 40%!). A este ritmo, ya hay algunos médicos que se preguntan si dentro de medio siglo seremos capaces de reproducirnos de forma natural... 

Reflexionando bien, me pregunto: ¿cuál es el misterio? Yo tenía 23 años cuando conocí a mi marido. En mi cabeza, estaba claro que un día tendríamos hijos. Claro como una idea que se acaricia desde lejos. A los 30 años, decidí que el momento había llegado. Lo decidí y luego... nada. Acabé entendiendo que un bebé no se consigue por decreto. Queremos un niño al igual que queremos un trabajo o un apartamento. Pero a la naturaleza a veces le gusta llevarnos la contraria y jugar con nuestra razón para recordarnos otra realidad.

Acabé entendiendo que un bebé no se consigue por decreto. Queremos un niño al igual que queremos un trabajo o un apartamento.
 
 


El ser es infinitamente complejo. Una fragilidad en un trozo de la existencia a priori muy alejado de las cuestiones del bebé puede impedir que la fertilidad actúe y que la llegada del bebé se viva de una forma serena. La concepción y el embarazo ponen cosas en movimiento, exacerban los problemas latentes y recuperan de las profundidades bloqueos o miedos. Emociones huidas, recuerdos familiares, relación con la pareja, estrés, alimentación, modo de vida... ¿Qué estamos dispuestos a explorar y a transformar para convertirnos en padres?

En el proceso sutil que me llevó a ser madre, probé la medicina tradicional hindú, y luego ocurrió una sucesión de extrañas circunstancias. A lo largo de este recorrido, tomé conciencia de que todo, desde la puesta en marcha de un bebé hasta el comienzo de la paternidad, depende de nuestra disponibilidad en la vida. ¿Qué hacer para acoger esto y ayudar a que eclosione?

Nuestra sociedad lo ha perdido de vista, pero traer niños al mundo es un viaje iniciático. Un camino que marca el final de un estado y el principio de otro. Este paso puede hacer que se tambalee hasta la intimidad de nuestra identidad. Se es madre físicamente, pero no emocional ni psicológicamente. ¿Cuántas jóvenes mamás se han visto confrontadas a la dificultad de alimentar a su bebé con su pecho? Y, sin embargo, se supone que es lo natural. El choque es doloroso, desconcertante. Genera una enorme inseguridad. Confrontadas al desarraigo de no saber qué hacer, atormentadas por la idea de que el niño depende de ellas, de que ellas son responsables, se dan cuenta de que, en cierto modo, muy dentro de su ser, no saben quién son.

¿Cuántas jóvenes mamás se han visto confrontadas a la dificultad de alimentar a su bebé con su pecho? Y, sin embargo, se supone que es lo natural.
 
 

Conozco estas dificultades. Me pillaron por sorpresa, después del nacimiento de mi hijo. En un rincón de mi cabeza había decidido que su llegada no cambiaría mi vida. Que no me impediría salir, viajar, ser la mujer independiente y bohemia que me gustaba ser. ¡Qué chiste! Atada a una cierta visión de mi ser, me sentí sumisa, con una residencia asignada, privada de mi propia existencia. En un tipo de reflejo condicionado, me encerré en la creencia de que debía ser ejemplar, cubriendo de silencio el rencor y la cólera.

Hasta que un día me doy cuenta de que es hora de morir en mí misma, si es que quiero renacer. Mientras que todo se evadía bajo mis pies, entendí que se trataba de una invitación a bajar a lo más profundo. Que había llegado la hora de abandonar el antes, de aceptar quién era ahí y de abrirme a otras fuerzas. Adiós control, voluntad, planificación; hola confianza, acogida, intuición. La dulzura es un poder y es imprescindible que lo tengamos en cuenta. Por nosotros. Por nuestros hijos. Por la sociedad en la que queremos que crezcan.

Réjane Eréau es autora del libro 'Un bébé enfin! De l'infertilité à la maternité: un chemin inspirant au coeur de la naissance'.

Este post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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