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Responsabilidades en casa

Cuando todos los miembros de la familia contribuyen con las tareas del hogar, se produce un sentido de unión y pertenencia. Todos pueden ayudar, no importa la edad; cooperar los hace partícipes de un mismo sistema y motiva la educación de los valores de independencia, responsabilidad, empatía y autoestima.

El primer aspecto para lograr dicha integración es desarrollar el sentido de responsabilidad, que implica ser capaces de asumir las consecuencias de las decisiones y poder escoger entre todas las posibilidades. Se trata de poder atender a las prioridades antes que a las preferencias.

Con los hijos, el trabajo consiste en ayudarlos a interiorizar este valor, y esto se logra en la medida en que los padres y madres sean capaces de asociar cada edad con la tarea que los hijos pueden desarrollar y sobre todo determinar qué pueden hacer solos. La responsabilidad va creciendo cuando un niño es autónomo e independiente y sus padres han motivado estas virtudes.

No es recomendable esperar a que los hijos estén grandes para comenzar a asignarles tareas en la casa. Les será difícil entender por qué les exigen ayuda luego de tanto tiempo y entonces opondrán mayor resistencia. Esta puede ocurrir por dos razones: porque los padres han sido sobreprotectores y se responsabilizan de las tareas de sus hijos, y no los creen capaces de realizar actividades que por su edad deben haber aprendido; y también porque han asumido una actitud perfeccionista y constantemente obstaculizan el paso del aprendizaje de sus hijos, por no creerlos capaces de realizar las tareas correctamente.

Desde que son pequeños, los niños pueden ir ayudando en la casa. Comenzando por aquellas tareas que les son propias, como ordenar sus juegos al terminar de usarlos, echar la ropa en el cesto, recoger su plato de la mesa, poner los zapatos en el lugar asignado, llevar su lonchera y mochila al carro y luego a la casa…Después asumirán otros deberes que estén acordes con su edad. Se puede comenzar por cuestiones generales, como ayudar en la compra del supermercado, ordenar la mesa, llenar los jarrones de agua, botar la basura... Por último, se les debe asignar una tarea fija que sea de su responsabilidad y que se vea como una forma de colaborar con la familia y contribuir al bienestar de todos los que viven juntos.

Es muy importante recordar que en cuanto a ayuda se refiere no debe haber excepciones. Con esta práctica se comienza a trabajar el valor de la justicia y la equidad. La única diferencia que debe haber es en cuanto a las edades de los miembros, pero no por posición familiar o sexo.

Con respecto a las tareas se necesita tener en cuenta:

DEBEN estar bien claras y definidas, con días y horas establecidos.

HAN DE tener un orden determinado.

LAS MÁS tediosas deben ser rotadas entre todos los miembros de la familia.

LOS PADRES han de supervisar y asegurarse del cumplimiento, en el momento adecuado.

LOS DEBERES deben ser acordes con la edad de cada hijo.

LAS EXPECTATIVAS de los padres deben ser apropiadas a la edad de sus hijos.

LOS PADRES supervisarán su realización, mas no harán recuerdos constantes hasta confirmar que no se han hecho.

LOS PROGENITORES han de recordar que la idea es ayudar en la casa y crear responsabilidad, no cargar a los chicos con tareas parentales.

LOS NIÑOS MENORES de ocho años deben ser ayudados y acompañados en los deberes de la casa.

ES NECESARIO ser precisos cuando se les asignan tareas a los hijos. Si es ordenar su habitación, explicarles con detalles lo que esto significa.

ES DE GRAN ayuda escribir en un papelógrafo los deberes de cada uno y tenerlos a la vista, para evitar confusiones.

LOS PADRES HAN de manejarse con autoridad, pero abordando el tema con paciencia y tolerancia.

Por otro lado, muchas investigaciones han confirmado que al igual que el reto de pasar de curso o ganar en algún deporte, las tareas en el hogar ayudan a formar una buena autoestima, a enfrentarse a las dificultades de la vida, al desafío, a manejar el estrés y luego analizar cómo pudieron lograrlo de manera exitosa.

Esto los ayuda a manejarse con mayor seguridad, a esforzarse por lo que quieren y a hacer algo por los demás, lo cual refuerza las relaciones de intercambio.

¿Qué mejor ambiente que el hogar y la presencia de papá y mamá para cultivar nuevas experiencias, aprender a negociar y a motivar la independencia?

Las asignaciones de deberes también les brindan a los miembros de la familia la oportunidad de equivocarse, de cometer errores y de tener la certeza de que siempre se puede aprender de estos y que lo más importante es volver a intentarlo.

Por: ARISLEYDI SÁNCHEZ GUZMÁN, M.A

PSICÓLOGA CLÍNICA INFANTO-JUVENIL

ESPECIALISTA EN VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

CENTRO VIDA Y FAMILIA ANA SIMO

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