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Obesidad infantil. Consejos para una alimentación saludable para niños

  • Publicado en Salud

Factores de riesgo del sobrepeso y la obesidad infantil

Aunque bien la obesidad puede ser el resultado de una enfermedad de origen genético (endócrino), en el 99% de los casos los factores resultan ser ambientales, genéticos (no endócrinos) y psicológicos.

 

Factores de riesgo ambientales

Con esto nos referimos específicamente al cambio en las conductas alimenticias ligadas a las comidas fast food (comidas rápidas) que tanto gustan a los más pequeños pero que tan perjudiciales son para su salud, colaborando notablemente con un aumento progresivo de su peso y con resultado en la mayoria de los casos de un niño obeso.

  • Es aconsejable no abusar de este tipo de comidas y realizarlas cada vez de forma más esporádica.
  • También es aconsejable evitar el consumo de bebidas azucaradas en exceso, el consumo de frituras o embutidos.

 

Factores de riesgo genéticos

A menudo si la obesidad en niños responde a cuestiones genéticas, un niño con padres obesos tiene altas probabilidades de ser también un niño con obesidad.

Sin embargo en estos casos hay que hacer foco especial en el estilo de vida de la familia, fomentando las caminatas diarias y cambiando los hábitos alimenticios de toda la familia, promoviendo el ejercicio y el deporte para contrarrestar los condicionantes genéticos.

 

Factores de riesgo psicológicos

Tanto los niños como los adultos suelen comer (a menudo) por razones que exceden el hambre. Así una persona puede verse obligada a comer tras una depresión, angustia, ansiedad, estrés, etc. Este tipo de comportamientos que se observan en los niños con frecuencia fueron aprendidos en el entorno familiar. Es importante detectar la/las persona/s que padecen de este problema para trabajar con ambos integrantes de la familia.

 

Tratamiento y prevención de la obesidad infantil

Es importante que todo tratamiento comience a temprana edad cuando, tras la intervención de un médico pediatra o de un nutricionista, se llegue a la conclusión que el niño presenta síntomas de obesidad.

Estas son algunas recomendaciones para una alimentación equilibrada que darán lugar a una alimentación saludable en los niños y niñas:

  • Cambio de hábitos alimenticios. Incorporar alimentos sanos como verduras, frutas de estación, legumbres, carnes blancas y rojas con ricos condimentos es la solución más adecuada.
  • Realización de ejercicio aeróbico. No sólo es importante fomentar al niño a que realice ejercicio, también es importante que a él le agrade la actividad escogida para perder peso. Caso contrario todos nuestros escuerzos se verán frustrados.
  • Concienciar al niño sobre los riesgos. A menudo los niños (y en buena medida tampoco los adultos) no son conscientes de los riesgos (en muchos casos mortales) que produce tener obesidad. Así, la concienciación, el uso de presentaciones, vídeos, diapositivas, acceso a internet de casos reales puede resultar impactante para el niño (pero sin recurrir al extremo) se puede lograr cierto grado de concienciación por parte del niño. En este aspecto es importante hacer hincapié en la edad del niño y filtrar, como adultos, aquello que pueda resultar contraproducente para que él observe.
  • El seguimiento con un profesional adecuado (médico pediatra o nutricionista infantil), facilita mucho la labor de padres y docentes. Sobre todo este punto es fundamental, prevenir, coger el problema a tienmpo normalmente conlleva una solución, no darle importancia, creer que un “niño gordito” es señal de salud lleva a un problema durante el desarrollo y la vida del niño
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Los niños y los hábitos alimenticios

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Las nuevas tendencias alimenticias que se están promocionando en estos días nos ayudan a educar a nuestros niños en una ingesta de alimentos más sanos y apropiados para los requerimientos de cada etapa de crecimiento.

Los padres muchas veces por complacer o querer ver a nuestros niños felices no tomamos en cuenta el daño que podemos causarle cuando no ponemos límites en su alimentación. Así como nos preocupamos porque aprendan sus asignaciones escolares, de la misma manera debemos preocuparnos por enseñarles a comer.

La obesidad en la primera infancia puede impactar no solo en problemas de salud sino en problemas emocionales. Observamos como niños o niñas en sobrepeso tienden a presentar, en ciertas ocasiones, baja autoestima, dificultades para el inicio o mantenimiento de relaciones sociales, ansiedad frente a estas mismas situaciones sociales y, depresión.

Por esta razón, nos preguntamos, ¿cómo podemos ser capaz de enseñarlos a comer mejor? La clave es siempre el balance de las comidas, no la prohibición de lo que en el fondo sabemos les gusta a todos los niños, los dulces y las comidas chatarras.

Encontramos muchas personas que dicen, “en mi casa está prohibido comer dulces, refrescos y comidas chatarras”  y está muy bien que no lo compres en tu casa pero, ¿cómo evitamos estos alimentos cuando los pequeños en los cumpleaños o en las casas de los amiguitos están expuestos a ellos?

Pasamos entonces a la misma conclusión, con nuestros pequeños debemos moderar y negociar. Moderar explicándoles y controlando desde su corta edad los beneficios y daños que pueden causarnos ciertos alimentos y, negociar porque podemos controlar su consumo enseñándoles, a su vez, a moderarlos. Por ejemplo podemos decirle que si ya ha consumido una galleta y un jugo tratemos de que hasta llegue la próxima comida ingiera agua. De la misma manera, en vez de darles todo el tiempo galletas o papitas busquemos las frutas que le gusten y compleméntelo con un jugo de frutas naturales.

La clave con nuestros hijos esta siempre en la educación, el enseñarle las dos opciones que siempre tendrán y guiarles por la más adecuada para ellos. Todo esto complementado con la práctica de ejercicios físicos nos dará buenos resultados.

En conclusión, tomemos siempre en cuenta que la prohibición de alimentos solo nos llevara a que se interesen más por estos y en el momento en que no estemos presente los consumirán de manera desmedida. Seamos también constantes con estas prácticas y enseñemos con el ejemplo. Si no somos capaces nosotros los adultos de controlarnos no les pidamos a nuestros hijos que lo hagan.

Fomentemos siempre los hábitos saludables de alimentación, de esto dependerá su manejo con las comidas.  

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