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Diez normas básicas para evitar que los niños puedan ahogarse en una piscina

Los menores de entre 2 y 4 años son quienes sufren las peores consecuencias de la que ya es segunda causa de muerte infantil en España.

Ya es verano y uno de los planes preferidos por las familias para hacer frente al calor es pasar el día en la piscina. Es una buena opción siempre y cuando se tomen todas las precauciones necesarias para evitar accidentes, que en muchos de estos casos desembocan en un trágico final. Los datos arrojados por el primer Informe Nacional de Ahogamientos de Menores son alarmantes: de los 117 ahogamientos de niños en entornos acuáticos que han tenido lugar en los últimos cinco años, el 58% se han producido en piscinas.

Los más pequeños –menores de entre 2 y 4 años– son quienes sufren las peores consecuencias de la que es ya segunda causa de muerte infantil en España y tercera en el mundo. Aunque hay una conciencia cada vez mayor de la necesidad de extremar la cautela y reducir la cifra de accidentes en este entorno, sigue haciendo falta más para que se traduzca en unos mejores resultados. La emergencia es tal que este año se ha puesto en marcha la campaña «Ojo peque al agua», impulsada por Emergencias Setmil –especialistas en socorrismo preventivo– y la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, a la que se han sumado más de un centenar de entidades. Pretenden con ello «extender el estado de alerta a toda la población porque las cifras de ahogamientos de niños son demasiado grandes».

¿Cómo evitar este tipo de accidentes?

 

- En primer lugar, los expertos de la campaña «Ojo peque al agua» recomiendan elegir piscinas acondicionadas con medidas de seguridad. Es importante la presencia de un socorrista en cualquier entorno acuático y que la piscina esté protegida con un cercado perimetral que impida a los niños llegar solos al agua. Además recomiendan extremar el cuidado en las piscinas hinchables, peligrosas por la falsa sensación de seguridad que producen.

 

- No se debe relegar la vigilancia a otros niños más mayores. Han de ser los adultos quienes se ocupen de cuidar de los menores.

- Es más recomendable el uso de chalecos salvavidas que el de flotadores hinchables, ya que estos son sólo sistemas de flotación. Pueden pincharse o desinflarse y dejar al niño desprotegido en el agua.

- Aunque los niños sepan nadar, no conviene sobreestimar su capacidad «por muy experto que sea». Se cansan más rápido que un adulto y corren el riesgo de hundirse.

Fuera móviles. Son un entretenimiento que despista a los progenitores de cuidar la vigilancia de los niños. Los expertos además recomiendan organizarse en turnos para no dejar de observarles.

- Los niños chapotean, gritan y juegan en el agua. El silencio absoluto no puede confundirse con la tranquilidad, sino que debe alertarnos de que algo ha podido ocurrir.

- Revisar que las cubiertas de drenajes y desagües estén en buen estado de conservación y sus orificios sean inferiores a 8 milímetros. Además se debe enseñar a los niños a no acercarse a ellos. El cabello largo suelto, la ropa de baño holgada, colgantes, cadenas y cuerdas de cualquier tipo pueden ser succionados y dejar al niño atrapado bajo el agua sin poder salir. También puede sacarnos de un apuro conocer la ubicación del apagado eléctrico de la piscina para actuar rápido en estos casos.

- El extendido mito de que sólo se necesitan 27 segundos para que un niño se ahogue no es del todo cierto. Puede ocurrir incluso en tan sólo 10 segundos. Para evitarlo, los expertos recomiendan seguir la regla del 10/20, que consiste en mirar a la piscina cada diez segundos y estar disponibles para llegar antes de 20.

- No resulta peligroso utilizar balones hinchables y otros elementos de juego dentro del agua, pero sí deben retirarse una vez que los niños hayan salido de la piscina para que ninguno sienta la tentación de acercarse a por uno de ellos a la orilla: pueden caerse al agua en uno de esos intentos.

Diez centrímetros de líquido son suficientes para que un niño se ahogue. Así que incluso cuando parece imposible que pueda ocurrir, hay que permanecer alerta. Los niños menores de cinco años son el grupo de mayor riesgo de ahogamiento ya que no tienen ninguna conciencia del peligro que encierra el agua.

Si a pesar de todo un niño cae a la piscina y sufre un ahogamiento, es conveniente aprender cómo practicarle una maniobra de reanimación. Cada segundo cuenta...

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Las lesiones cerebrales en niños se triplican en verano

  • Publicado en Salud

Diez claves para prevenir accidentes.

Las estadísticas dicen que las lesiones cerebrales en la infancia se triplican durante el periodo estival, siendo los ahogamientos una de las principales causas. El exceso de confianza y las imprudencias, son dos de los principales factores de riesgo a evitar. Por eso, los profesionales de Hospitales Vithas Nisa apuntan que la clave está en la prevención ya que, en el caso de los niños, son solo necesarios 20 cm de agua y menos de 3 minutos para que suceda una tragedia de esta índole.

Según recientes datos de la VII Campaña de Seguridad Infantil, los ahogamientos de menores ocurridos este año se han incrementado un 62% respecto a las cifras registradas el año anterior en estas mismas fechas. Son ya 13 accidentes mortales de menores. Del total de ahogados la mitad ha tenido lugar en piscinas, dos fallecimientos ocurrieron en playas, dos en albercas y otros dos en ríos.

La doctora Carolina Colomer del Servicio de Neurorrehabilitación de Hospitales Vithas Nisa resalta que a estas cifras elevadísimas de víctimas, hay que añadir el número de personas que logra sobrevivir al ahogamiento y son hospitalizados con daño cerebral.

 

Según explica, «la anoxia es la ausencia de aporte sanguíneo a los tejidos y después de más de tres minutos de duración puede causar daños cerebrales importantes. La gravedad de las lesiones provocadas dependerá del tiempo que el cerebro permanezca privado de oxígeno y de que la reducción del flujo sea total o parcial. En general, los síntomas secundarios a una lesión causada por falta de oxígeno son alteraciones del nivel de conciencia, alteraciones en las funciones cognitivas y en la movilidad. En este sentido, una prevención terciaria es fundamental dirigida al tratamiento y a la rehabilitación de los déficit que se hayan podido producir, con el objeto de mejorar al máximo la calidad de vida de los afectados».

Para concienciar a padres y cuidadores, este servicio recomienda las siguientes medidas de prevención:

1. Extremar la vigilancia en los niños en todo momento cuando estén en el agua o jugando cerca de ella, incluso aunque lleven flotadores o manguitos, y no delegar esta responsabilidad en un niño, aunque sea más mayor.

2. Explicarles a los niños las normas de seguridad. No se trata de asustarlos sino de concienciarlos y promover su prudencia.

3. Asegurarse de que la piscina cuenta con las medidas de seguridad adecuadas como socorrista o cercado perimetral para que los hijos pequeños no puedan acceder libremente.

4. Bañarse en aguas habilitadas para el baño y vigiladas. Respetar las normas de seguridad de piscinas y atracciones acuáticas y el significado de las banderas en la playa. Así como seguir las indicaciones de los socorristas.

5. Prevenir el corte de digestión. No entrar bruscamente en el agua, sobre todo después de haber tomado el sol o de haber comido.

6. Salir del agua si se advierte algún síntoma extraño: escalofríos o tiritar de forma persistente, fatiga, dolor de cabeza o en la zona de la nuca, picores, mareos, vértigos o calambres. No esperar y salir inmediatamente del agua.

7. Tener cuidado con los resbalones en bordes de las piscinas y las zonas mojadas.

8. No consumir alcohol antes del baño disminuyendo la capacidad de reacción ante un peligro y no propiciar conductas que puedan poner en riesgo nuestra salud.

9. Tener mucho cuidado con las zambullidas. No te tirarse de cabeza en lugares de fondo desconocido, ya que puede producir una lesión (con riesgo de parálisis). Las zambullidas en el agua son la causa del 6% de las lesiones medulares en España. Y tener especial cuidado con los toboganes y trampolines.

10. Por último recordar siempre una rápida actuación de primeros auxilios para realizar la reanimación cardiopulmonar puede ser clave para salvar una vida. Pide auxilio a los socorristas, a otros bañistas en su ausencia y al 112 en casos de gravedad.

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Las lombrices intestinales en los niños, una infección muy corriente

  • Publicado en Salud

Está provocada por un gusano u oxiuro llamado Enterobius Vermicularis.

 

Las popularmente conocidas como lombrices intestinales son en realidad una infección por un gusano u oxiuro llamado Enterobius vermicularis. Este es uno de los parásitos responsables de la mayor parte de las infecciones parasitarias intestinales que se producen en nuestro país, cuentan desde CinfaSalud.

El oxiuro puede llegar a alcanzar los diez milímetros de longitud y se caracteriza por su forma fina y alargada y su color blanco, lo que recuerda a una lombriz.

¿Cuáles son los síntomas de las lombrices intestinales?

Las lombrices intestinales se contagian con facilidad. Recordemos que un parásito es un organismo que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y pudiéndole ocasionar importantes daños o lesiones sin aportarle ningún beneficio.

 

En concreto, en esta infección, lo que ocurre es que, tras entrar en el sistema digestivo por la boca, los huevos del oxiuro eclosionan en el intestino delgado y las larvas continúan avanzando y madurando en su camino hacia el intestino grueso. Se transforman en adultos allí, donde incrustan sus cabezas a la pared intestinal. Las hembras se desplazan desde esta zona hasta el recto y el ano, generalmente por la noche. Ahí ponen sus huevos, que se adhieren a los bordes del ano y a la piel que lo rodea. El ciclo completo de todo este proceso dura aproximadamente un mes.

Una infección que afecta al 40% de los escolares

Aunque esta infección se puede presentar en personas de todas las edades, alcanza tasas superiores en los menores de entre 5 y 14 años. De hecho, según la Asociación Española de Pediatría, la infección por Enterobius vermicularis (oxiuros) afecta al 40%-50% de los niños en edad escolar.

Estas lombrices intestinales u oxiuriasis se contagian con facilidad. Los vehículos de transmisión de los huevos son:

Las manos de los niños, ya que habitualmente se rascan con ellas la zona afectada, debido al picor que sienten. A partir de ahí, los huevos microscópicos se adhieren bajo las uñas y los dedos contaminados pueden llevar los huevos otra vez hacia la boca desde donde vuelven a entrar en el organismo. Esto se denomina autoinfección, y perpetúa el circuito de transmisión fecal-oral. Por el contrario, la autoinfestación aparece si los huevos han permanecido en la piel que rodea al ano el tiempo suficiente para eclosionar, porque entonces las larvas se introducen desde el ano de nuevo hacia el intestino, donde se transforman otra vez en adultas.

Distintas superficies donde pueden acabar depositados los huevos, en las que llegan a sobrevivir hasta dos o tres semanas, como por ejemplo:

-La ropa sucia (sobre todo mudas y pijamas).

-La ropa de cama y toallas.

-Los alimentos infectados por riego con aguas fecales, por ejemplo.

-Vasos, cubiertos y utensilios de cocina.

-Juguetes.

-El váter y el lavabo.

-Los pupitres y mesas de los centros escolares.

-El polvo atmosférico contaminado.

-La arena de los parques y zonas de juego.

Este tipo de lombrices intestinales afectan a los seres humanos, que son sus huéspedes habituales; no proceden ni se desarrollan en animales domésticos, aunque estos sí puedan ser transmisores de otro tipo de infecciones por parásitos.

Cómo reconocer la oxiuriasis

Los principales síntomas a los que los padres han de estar atentos para reconocer la infección por oxiuro en sus hijos son:

-Picor o prurito alrededor del ano.

-En ocasiones, la infección se puede extender a los genitales y, en las niñas, provocar irritación vaginal.

-Sueño inquieto y despertares del niño durante la noche.

El rascado puede producir erosiones en la piel y ello ser la puerta de entrada de otros gérmenes que la sobreinfectan. Si el intestino está infestado de una cantidad de lombrices muy elevada, puede aparecer el dolor abdominal que, a veces, puede ser similar el de una apendicitis aguda.

Hay que tener en cuenta también que, en una amplia proporción de casos, las infecciones por oxiuros pueden ser asintomáticas, siendo esto más frecuente en los adultos.

Diez consejos para prevenir las lombrices intestinales

1-Lávate las manos con mucha frecuencia. Y, por supuesto, haz que los niños se las laven también, sobre todo después de ir al baño, de los juegos en el exterior y antes de comer. Tómate y haz que se tomen su tiempo para ello: restregad una mano contra la otra y usad siempre agua caliente y jabón.

2-Evita llevarte las manos al rostro.Ni tú ni los tuyos debéis acercaros las manos, posibles portadoras de parásitos, a la boca y a la nariz, a no ser que estén recién lavadas.

3-Lleva las uñas cortas y limpias. Con ello evitaréis que los huevos se alojen bajo ellas. Limpia con un cepillo las de tus hijos.

4-Mantén muy limpio el aseo. Sobre todo, limpia en profundidad el retrete y el lavabo con lejía y agua caliente.

5-Usad mejor pijamas cerrados. Puede ser una buena idea en los niños para evitar, que si se rascan, los huevos entren en contacto con sus manos y contribuir con esto a que no se propaguen.

6-Ducha a tus hijos por las mañanas. Con el fin de eliminar una gran cantidad de huevos. Asegúrate también de que se limpien bien la zona perianal después de que hayan ido al baño, y a poder ser, que lo hagan con agua y jabón

7-No sacudas la ropa antes de meterla en la lavadora. Así evitarás que los huevos se desprendan y depositen sobre otras superficies.

8-Lava a temperatura superior a 55º y con cloro como desinfectante. Tanto la ropa de cama, como el pijama, la ropa interior o toallas que hayan estado en contacto con el paciente deben ser lavadas con frecuencia y a temperaturas elevadas.

9-Tiende al sol. Además de no soportar las temperaturas elevadas, los huevos de estas lombrices son sensibles a su luz. Permite, por tanto, que los rayos solares entren en la casa.

10-Limpia concienzudamente las frutas y verduras. Con ello previenes el riesgo de infección a través de este tipo de productos frescos que puedan haber sido contaminados por el riego con aguas fecales.

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